Ernie Knoll - En el corazón de Jesús - 12 de septiembre de 2009

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Ernie Knoll - En el corazón de Jesús - 12 de septiembre de 2009

Mensaje por Jakemax el Mar Jul 12, 2011 2:01 pm

En el corazón de Jesús

12 de septiembre de 2009

por Ernie Knoll

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En mi sueño, estoy caminando por un sendero pequeño, junto a un arroyo bellísimo que fluye suavemente. Observo los árboles moverse ligeramente con la brisa. Hay miríadas de flores que han crecido en ambos lados del arroyo, y capto su aroma leve. Luego observo peces de diferentes tamaños nadando en el arroyo. Yo pienso que éste es un cuadro de un día perfecto. Al dar una vuelta en el sendero, comienzo a ascender por el lado de una colina hacia una pequeña iglesia. ¡La más maravillosa música desciende desde la colina! Yo escucho a muchas personas que están cantando, “Cuando allá se pase lista.” Mientras camino hacia la entrada de la iglesia, un hombre está situado en la puerta. Él estrecha mi mano y dice, “¡Bienvenido, feliz sábado!” En el vestíbulo una mujer estrecha mi mano; me da un boletín y dice, “¡Feliz sábado! Usted ha llegado justo a tiempo. El culto está por comenzar.”

Mientras camino hacia el santuario me percato que he estado en esta iglesia antes; fue en el sueño “Sólo un lugar donde estar”. Me siento atrás cerca de un anciano. Él me sonríe y susurra, “¡Feliz sábado! Me alegra mucho poder sentarme a su lado en este día bendito y maravilloso.” También me susurra acerca de la vidriera de colores, iluminada, que está detrás del púlpito y frente al bautisterio. Yo le digo que estuve aquí una vez antes, pero pensaba que era un mural o un cuadro pintado. Él dice que muchos lo miran sin darse cuenta de la importancia de lo que ven.

Tres hombres entran desde el lado derecho de la plataforma cantando, “Jehová está en su santo templo.” Todos se postran mientras el pastor, ubicado entre los dos ancianos, ofrece una oración. Después de esto, todos nos volvemos a sentar. Todos estamos callados y reverentes. Un anciano se levanta, le da la bienvenida a todos, y repasa los anuncios. Otra vez observo el cuadro de la vidriera de colores. Es una representación de Jesús orando junto a una roca en el Jardín del Getsemaní. Me dirijo hacia el anciano a mi lado y le susurro que el cuadro tiene una apariencia muy hermosa. Le digo que al mirarlo me parece que hay mucho más que debo saber, y que esa escena tranquila no es nada serena. Él dice que hay mucho más que podría estudiarse acerca de la importancia de lo que representa esa escena sencilla, especialmente su relación con este período en la historia del mundo.

Observo que el anciano todavía está repasando los anuncios. Nuevamente el anciano se inclina hacia mí y susurra mi nombre celestial. Me doy vuelta rápidamente y lo miro, mientras lágrimas corren por mis mejillas. Ahora me doy cuenta que es el mismo anciano del sueño “La Librería adventista” y de otros sueños también. Me dice, “Sí, estás soñando, y yo he sido enviado porque nuevamente es tiempo de comenzar. No te preocupes, regresaremos aquí después de haberte mostrado todo. ¿Me das tu mano?” Nos ponemos de pie y él se transforma de un hombre viejo al Heraldo. Le doy mi mano derecha y ascendemos a través del techo hacia el aire, y ahora estamos en un pasillo.

El Heraldo me explica lo siguiente. “He esperado para regresar, pero como antes, tenía que esperar hasta que se me volviera a enviar. Vengo como un mensajero. Estoy aquí para mostrarte muchas cosas que debes mostrar a todos. Yo sé que deseabas confirmación de lo que estaba pasando. Observé cuando Satanás comenzó a engañarte. Él compartió contigo grandes verdades en algunos de tus sueños privados, no publicados, pero en toda la verdad siembre había un poquito de error. Observé cuando él te engañó más y más. Tú estabas convencido de que eran instrucciones del Padre de toda la verdad, pero observé mientras recibías instrucciones del padre de todas las mentiras. Nuestro Padre lo pudiera haber impedido, pero Él permite que pasen cosas cuando sabe que son para la mejora de todos. Recuerda que Él conoce desde el principio hasta el fin. Él ya sabía que Satanás te iba a engañar. Él ya sabía que muchas de tus amistades cercanas te abandonarían. Él ya sabía que atravesarías solo un tiempo de desolación completa. Él ya sabía que tendrías que caminar a través del desierto. Él ya sabía que pasarías por tu propio Jardín del Getsemaní. Él ya sabía que muchos te descartarían como mensajero, pero eso también era una prueba para ver si la podrías vencer. Nuestro Padre permitió que esto pasara porque Él ya sabía el resultado.1 Dios sí odia el pecado, pero ama al pecador. Él te ama. ¿Recuerdas tu primer sueño cuando estabas reclinado a la mesa? Se te dijo que el Gran Anfitrión hubiera hecho todo lo necesario para tenerte allí.”

El Heraldo puso ambas manos sobre mis hombros y dijo, “No dejes de entender y recordar que Él ha hecho todo, y sigue haciendo todo lo que puede, para que estés en la mesa y pueda servirte.” Trato de decirle cuánto lo siento y que quiero volver a decirle todos mis pecados y cuánto lo siento. Sin embargo, ésta es la primera vez que el Heraldo me interrumpe y dice, “Basta. Debes darte cuenta que nuestro Padre busca un corazón arrepentido. Él escribió en el libro de Jeremías 31:34,

“Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.”

Él dice que no volverá a recordar sus pecados. Él te ha perdonado, tal como se te ha mostrado en otros sueños privados. No debes sacar a relucir lo que ha pasado cuando Él ya no lo recuerda.”2

Explica el Heraldo, “Esto va a ser difícil compartir, pero debes hacerlo. Muchos de tus familiares y amigos desean considerarse cristianos. Aunque te han escrito o dicho que te perdonan, también te han dicho que jamás volverán a confiar en ti. El no confiar significa que no se han olvidado. Jesús, nuestro Maestro y Señor, pide que cada uno tome su cruz y le siga. ¿Cómo es posible llevar la cruz propia mientras se odia al pecador? Jesús perdona y entonces se olvida. Aquéllos que no son los que son perdonan pero no olvidan. A cada uno se le pide ser cristiano, pero cuando se miran en el espejo, ¿ven en realidad a Jesús? Cada uno debe darse cuenta que ellos también fueron engañados, tal como lo fuiste tú, y que Satanás se esforzará por engañar a todos. Cada uno debe poseer un espíritu de arrepentimiento. Cada uno debe odiar el pecado, pero amar al pecador. Se les dijo que deben amarse los unos a los otros. Su distancia y silencio han mostrado que ellos no constituyen los que son. Recuerda que tú eres un mensajero, tal como lo soy yo. Únicamente comparte lo que se te diga que debes compartir. No añadas ni una frase ni una palabra. Comunica lo que se te ha dicho. El Espíritu Santo hará su parte. Nuestro Padre y nuestro Creador y el que es el Espíritu Santo trabajan juntos como uno para continuar la obra que se te ha mostrado hacer. Tú eres un mensajero y ellos necesitan que tú compartas los mensajes que se te han dado. Esto también se te lo ha mostrado en tus sueños privados. Se te ha mostrado que no deben preocuparte porque Ellos te protegen y proveen por ti. En un sueño se te mostró cómo un ángel fue enviado para protegerte, pero no para darte instrucciones. Si permites que el Espíritu Santo haga su parte, Él puede cambiar los corazones de muchos. Por favor, ven. Quiero mostrarte algo.”

Se me lleva a un sitio donde veo a varias personas sentadas comentando los sueños publicados que he tenido. Varios no hablan; sólo escuchan sentados. La primera persona declara que todo es una serie de mentiras. La segunda persona dice que jamás volverá a confiar en mí. El dirigente del grupo comienza a hablar y entonces se detiene. Mira hacia abajo y dice, “He estado pensando, ¿QUÉ SI estos sueños verdaderamente son de Dios? ¿QUÉ SI Ernie en realidad está recibiendo mensajes de nuestro Padre celestial? Por mi parte, me preocupa que un día me halle ante el trono de Dios y tenga que rendir cuentas del motivo por el cual denuncié estos mensajes.” Otro hombre dice, ”Creo que todos debemos orar y pedir la dirección de Dios, clamando la sangre de Cristo para que no seamos engañados. Observo que ellos se arrodillan. El dirigente ora y pide la dirección divina de Dios tocante al origen de estos mensajes. Dice que sabemos que debemos examinar los mensajes para ver si algo no concuerda con la Biblia y el Espíritu de Profecía. Pide la dirección del Espíritu Santo. Pide que Dios les muestre qué deben creer. Mientras ese hombre ora, veo que aparece una forma brillante junto a cada individuo. Sé que es la presencia del Espíritu Santo.

Una vez que el dirigente termina su oración, todos se sientan. El líder repite, “¿Y si estos mensajes en realidad son de nuestro Padre celestial? Creo que debemos darnos cuenta que cada uno tendrá que comparecer individualmente ante Dios para rendir cuentas. Todos hemos sido engañados, pero Ernie también lo fue. Debido a su engaño, ¿debemos echar a un lado todos los sueños?” La primera persona vuelve a repetir, “Todos son mentiras. Todos son mentiras.” La segunda persona vuelve a repetir, “Aunque puedo perdonarlo, jamás volveré a confiar en él.” Entonces noto que el Espíritu Santo se aparta un poco de ambas personas. El dirigente vuelve a preguntar, ¿Y si éstos en realidad son mensajes de nuestro Padre celestial? ¿Queremos tomar el riesgo de no escuchar los mensajes de Dios debido a cómo nos sentimos acerca del mensajero?” La primera persona admite, “Bueno, todos los mensajes sí concuerdan con la Biblia y el Espíritu de Profecía. Todos los hemos estudiado y no hemos hallado discrepancias en lo que dicen.” Ahora noto que el Espíritu Santo se acerca más a la primera persona. El otro hombre sugiere poner a un lado todas las opiniones preconcebidas y los prejuicios personales para permitir que el Espíritu Santo los guíe.

El Heraldo dice, “Debemos irnos ahora. Ven conmigo, por favor. Debo mostrarte algo que hará que esto sea más fácil de entender, tanto para ti como para otros.” Con mi mano derecha en la suya, atravesamos la pared y nos encontramos en un cuarto con muchos rollos, libros, cintas de video, DVDs, retratos y periódicos. Me explica, “ Éste es el templo de los registros. Se te lo está mostrando en esta forma para que lo puedas comprender. No quiere decir que esto es como es en realidad. Aquí aparece cada pecado que todos hayan cometido jamás.” Va hacia un estante, saca un libro grande y lo coloca sobre una mesa. Dice, “Éstos son tus pecados.” Abre el libro y al comenzar a voltear las páginas, veo que muchos han sido borrados. Al mirar con más atención, veo cosas malas que he dicho y hecho que he olvidado. Él me explica, “Si lo pides, podrás recordar estas cosas para que puedan ser quitadas del libro. Tu Salvador tiene un borrador rojo que las borra.” El Heraldo devuelve el libro al estante e inserta una cinta de video. Al mirar una escena, me siento tan avergonzado. Él dice, Éstas cosas también pueden ser borradas, pero debes pedir que sean borradas. Podría mostrarte fotos, DVDs y artículos acerca de ti, pero depende de ti, si pides que se te los muestre y que te vuelvan a tu memoria lo que no estaba bien para pedir perdón. El hecho de servir como uno de los que son no consiste en simplemente pedir servir. Es una obra de perfección. ¿Cómo es posible formar parte de los que son si tienen pecados? Es necesario arrepentirse de todos los pecados secretos y no cometerlos más. Si uno desea formar parte de ese gran número, debe arrepentirse y cambiar su vida. Esto también significa que cada uno debe pedir que se le revelen los pecados olvidados.3 Si cada uno desea ser cual Cristo, debe estar en pie sin pecado como Cristo.”4

Entonces el Heraldo dice, “Debo mostrarte algo que quedará muy claro para muchos.” Atravesamos la pared y nos encontramos afuera en un lugar donde un Individuo se prepara para comenzar a trabajar. Observo el primero de dos camiones volquete acercarse al sitio donde el Artesano ha indicado que deben volcar sus cargas. Al comenzar a volcar su carga, sale mucha tierra y ondas polvo. Al terminar, se aproxima el segundo camión, vuelca su carga y los dos camiones se marchan. Cuando se disipa el polvo, el Artesano, el Heraldo y yo nos dirigimos hacia el montón grande de tierra y piedras. El Heraldo me presenta al Artesano diciendo, “Éste es uno de los mensajeros de Dios. Él necesita entender lo que Usted va a hacer aquí.” El Artesano me mira, sonríe y dice, “No es tarea fácil ser un mensajero del Padre del universo. Esa posición siempre ha sido odiada y la mayoría de los profetas fue asesinado o tuvo muchos problemas. Lo que vas a hacer es una obra que será ardua y tomará tiempo.” Señalando hacia el montón de tierra y piedras, me dice, “Esto representa la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Nuestro Padre está buscando a los especiales que pueden brillar para Él.” Miro al montón y lo único que veo es tierra y piedras mezcladas con hojas, palos, ramas de árboles, latas, vidrio y papeles.

El Artesano, vestido de un guardapolvos azul oscuro, me dice que es hora de comenzar a trabajar. Le pregunto si puedo ayudarle. Se dirige hacia mí con una sonrisa que no puedo explicar y declara que Él es el único que puede hacer lo que hay que hacer, que Él es el único adaptado para esa tarea. Yo supongo que Él va a tomar una pala, pero lo que hace es quitarse el guardapolvos y ahora lo veo vestido de pantalones, camisa y botas de trabajo de un blanco reluciente. Al acercarse el montón de trabajo, Él se torna más blanco y reluciente. Erige una plataforma grande con un tamiz que sirve de filtro. Llena una pala, la lanza hacia la plataforma, va hacia allá y comienza a sacudirla. Los escombros pequeños caen debajo de la plataforma. Desecha la basura grande y entonces coloca las piedras en una de dos pilas. Nuevamente echa una pala llena sobre la plataforma, la sacude y separa los escombros y piedras como anteriormente. Lo repite vez tras vez. Al pasar mucho rato, todos los escombros han sido separados de las piedras.

Entonces el Artesano se dirige hacia el montón de tierra y explica, “Esto se puede usar para rellenar muchos espacios pequeños, pero no sirve para lo que yo necesito hacer. Los guijarros no tienen el tamaño necesario para hacer lo que se necesita que hagan. No es que son jóvenes, sino que no poseen lo que hace falta para lograrlo. El resto consiste de escombros inútiles.” El Artesano va hacia el montón de basura y dice, “Casi todo es inservible. Las latas no son más que relleno. El vidrio no sólo es para cortar y causar daño, sino que también hace que otros piensen que es una joya preciosa. Los palos y ramas son para hacer que la búsqueda de la verdad lo lleve a conclusiones erróneas.”

Ahora queda un montón bastante grande de piedras y otro mucho más pequeño. Me sorprende de que del montón grande de piedras, el montoncito sólo llena un par de cubos. En el montón grande había muy pocas piedras que el Artesano pudo usar. Algunas piedras muy grandes parecían haber sido lustradas por medios artificiales. Otras piedras eran de plástico, yeso, fibra de vidrio o arena. Algunas habían sido pintadas para tener una buena apariencia exterior. El Artesano sigue diciendo, “Algunas de estas piedras no son piedras en realidad. Parecen ser piedras, pero si las cortas, verás que son huecas, totalmente inútiles. El Gran Colocador de todos los cimientos quiere piedras que no sólo luzcan bien por fuera, sino por dentro también.” Entonces el Artesano recoge una piedra arenisca que parece ser fuerte pero su exterior es áspero. Él dice, “Otras piedras no soportan la presión.” La aprieta y se desmenuza.

Entonces el Artesano se dirige al montón muy pequeño de piedras. Me explica, “Aquél que ve más ve piedras preciosas.” Le digo que parecen piedras ordinarias. Él recoge una de ellas, la coloca en un balde de agua, le quita la tierra y la frota hasta que queda limpia. Ahora tiene un color bello. Observo mientras Él lava las piedras, una a la vez y las coloca en un balde pequeño. Entonces noto que todas las piedras tienen un color distinto. También observo que, mientras Él lava las piedras para quitarles la tierra, el agua permanece limpia. Cuando termina, tiene dos baldes de piedras. Le pregunto si ya está listo para comenzar su proyecto. Me contesta, “Oh, no. Todavía falta que todas las piedras pasen por un proceso. Si deseas verlo, puedes venir conmigo.”

El Heraldo y yo lo seguimos y vamos a un área donde hay un horno grande encendido. El Artesano coloca una piedra en una vara metálica especial. Mete la vara en el horno un poco a la vez. Explica que no se puede aplicar demasiado calor, porque la piedra sólo puede soportar un tanto cada vez. Mientras Él mete la piedra lentamente al horno, la veo tornarse brillante. No se desmorona, pero trozos de impurezas se desprenden y son consumidas por el fuego. Veo desaparecer las imperfecciones. Entonces saca la vara del horno y con las manos desnudas agarra la piedra caliente para examinarla. La aprieta para lograr el contorno preciso que Él necesita. La vuelve a meter en el horno y nuevamente se pone muy caliente. La vuelva a sacar del horno, la examina y entonces la coloca al fondo de una bandeja metálica especial diseñada para formar un marco muy grande. Recoge otra piedra y comienza el proceso de nuevo. Tiene que moler algunas piedras hasta lograr el tamaño preciso. Todas las demás piedras pasan por el mismo proceso hasta que lucen como joyas bellísimas de distintos colores.

Entonces me doy cuenta de que el Artesano, vestido todo de blanco, todavía está tan limpio como lo estaba antes de comenzar. Coloca las joyas en el marco de metal comenzando desde abajo. La parte superior de cada joya es llana y queda nivelada con la joya que le sigue. Él ha formado cada una para que quepa perfectamente. Al colocar las joyas en el marco, está creando una obra de arte bellísima. Dice, “Fíjate que cada joya es una pieza importante. Cada una posee un color y tamaño distinto, pero todas obran juntas para lograr una obra completa. También debes tomar nota de que no todas las joyas poseen un título educativo avanzado ni tienen un certificado que las proclame como partícipes de esta gran obra de arte. Cada una hace su parte y obra con todas las demás para terminar la labor que se les ha dado para hacer.” Cuando todavía faltaba mucho por terminar, el Artesano se dirigió hacia mí y dijo, “ Todo esto comenzó con un montón grande, pero sólo pocas fueron halladas útiles. Así es la obra de Dios hoy en día. Muchos desean ser llamados, pero muy pocos pueden soportar la presión y las pruebas del horno. Muchos no desean reformarse ni que se les muestren sus imperfecciones. Dios puede seleccionar y usar los que son dignos en sus manos. Sin embargo, muchos no son más que latas, vidrio, papeles, tierra, leña menuda o ramas de árboles inútiles. Muchos desean pretender ser piedras grandes, pero por dentro son huecos.”

El Heraldo dice que tiene más que mostrarme y que podemos regresar cuando el Artesano haya terminado su proyecto. Doblamos y nos encontramos nuevamente en el pasillo. Me llama de nuevo por mi nombre celestial y me dice, “Hace varias semanas se te mostró esto y ha llegado la hora de compartirlo con todos. El Gran Planeador, el cual conoce el fin desde el principio, sin embargo no tiene fin, necesita que su pueblo comprenda lo que debo mostrarte. Estamos en el tiempo del zarandeo final. El Gran Artesano pronto terminará de zarandear y avanzará a la parte siguiente del proyecto. Ustedes tienen este tiempo de zarandeo para darse cuenta de que pueden ser piedras artificiales, huecas, o pueden someterse al horno.5 Esto puede resultar en que se descubran sus imperfecciones o pecados ocultados. Sin embargo, por medio de sus manos, Él puede usarlos para hacer su obra.

“Se te mostró que muchos de los que se apartaron, regresarán. Depende de cada uno escuchar esa voz tenue, no sólo a los familiares, amigos o dirigentes de la iglesia. Recuerda lo que está escrito en Amós 3:3,

‘¿Andarán dos juntos, si antes no se han puesto de acuerdo?’

Aquéllos que no estén de acuerdo contigo andarán por su propio camino. Esto también se aplica a su caminar con el Padre. Depende de ellos decidir cuál camino tomarán. Recuerda que tú debes dar los mensajes y no te debe preocupar lo que otros digan de ti ni de los mensajes que compartas. Cada uno se presentará ante el Juez de todos los jueces y recibirá su propio fallo. La Tierra está en los últimos momentos de su existencia pecaminosa. Todo el universo está absorto observando los últimos movimientos rápidos. Satanás, el engañador de todos, está haciendo lo que puede para engañar. Te fue dicho que no dejaras que nadie te engañara. Has visto cuán fácil es ser engañado. Después de seis mil años de pecado, a Satanás le es muy fácil engañar hasta los escogidos. Eva era perfecta física y mentalmente cuando fue engañada por la serpiente. ¿No te das cuenta cuán degenerada está la última generación? Sin embargo, esta última generación quedará en pie ante Dios sin pecado. Eso quiere decir que no pecarán más. Comparecerán con los registros depurados de pecados conocidos y olvidados.

Muchos creen que la Tierra sólo será destruida con bolas de fuego. No es cierto. Si es necesario, Dios usará otros medios para destruir. Ya se te han mostrado muchas maneras distintas como Dios permitirá que la Tierra sea destruida. Eso no quiere decir que Él mismo no va a destruir. Muchos han dicho que Él no mata ni destruye.6 Se han olvidado del diluvio en los días de Noé, la destrucción de Sodoma y Gomorra, y la muerte del Faraón y su inmenso ejército. Ése es el problema. Muchos se han olvidado. Dios puede destruir y destruirá y, si es necesario, permitirá que haya destrucción. El Creador de todo puede destruir, tal como lo ha hecho antes. Recuerda, Él ama al pecador, pero odia el pecado.

“Ahora debo mostrarte algo que puede ocurrir. Puede haber un cambio de pensar, como en Nínive, o puede venir destrucción como en Sodoma y Gomorra. Aférrate a tu fe, porque esto es lo que se te debe mostrar y lo que debes compartir.” Con mi mano en la suya, el Heraldo y yo vamos a un lugar donde se me tiene seguro y se me instruye que observe las cosas que se me presenten. Estoy a una gran altura sobre la tierra mirando hacia abajo y veo el área desde la costa de Asia hasta la costa de California. Se me dice que observe atentamente el área en Asia. No estoy seguro si es China, Corea o el Japón, pero veo algo que trataré de describir. Un arma de algún tipo dispara un rayo cuadrado de energía que parece medir 500 pies (unos 152 metros) cuadrados por 500 millas (unos 805 km) de largo. Se mueve sobre la superficie del mar a una velocidad asombrosa. Al viajar cambia de un blanco resplandeciente a transparente, casi como un lente de aumento que pasa sobre el agua. Cruza la superficie del mar rumbo a la costa de California. En lo que parecen ser sólo unos momentos, el rayo de energía impacta el área de Los Ángeles y provoca un terremoto muy fuerte. Observo como muchos edificios se tuercen, se sacuden violentamente de acá para allá y caen al suelo. Columnas de humo salen disparadas hacia arriba y entonces inmensas bolas de fuego explotan hacia arriba al aire. Las explosiones grandes continúan y la destrucción sigue hacia el este, más allá del área de Los Ángeles. Sigo viendo que edificios grandes, autopistas y casas se desmoronan hacia suelo. La superficie de la tierra se sacude de arriba hacia abajo y de acá para allá. Veo que la tierra se abre y cierra y mucha gente y muchos objetos son devorados, como si el planeta tuviese hambre.

Entonces el mar se retira lejos y se puede ver la tierra debajo de la plataforma continental. Veo hasta una profundidad muy grande donde había estado el mar. Parece una playa extensa con valles profundos. El agua sigue retirándose. La tierra debajo de la ciudad se desliza de arriba a abajo y de acá para allá. El fuego se eleva violentamente y ascienden inmensas bolas de fuego llenas de gas. Entonces el Heraldo me dice que vuelva mirar hacia el mar. Una ola impresionante, miles de pies de alto, se acerca rápidamente hacia la costa de Los Ángeles. No sólo cubre lo que queda de la ciudad y de muchas ciudades y pueblos más pequeños, sino que supera muchas de las montañas altas. Al retroceder, la ola barre los escombros hacia el mar. El Heraldo me dice que vuelva a mirar la tierra. No veo ningún sitio conocido, ningún edificio, ni puente ni carretera. Sólo quedan escombros. Nuevamente se sacude y desliza la tierra. Fuego y humo suben violentamente. El Heraldo me dice que vuelva a mirar hacia el mar. Veo otra ola, tan grande como la primera, estrellarse contra el área donde había estado la zona metropolitana de Los Ángeles. Nuevamente, el agua penetra una gran distancia hacia el interior y vuelva a retirarse, barriendo la superficie de la tierra. Por toda el área de Los Ángeles y el interior se ven grietas de las cuales brotan humo y vapor. Otra ola de igual tamaño como las primeras dos deja toda el área destruida. El agua que llena la parte inferior del valle central ahora se retira una tercera y última vez. Esta destrucción provoca cambios en California que muchos creen serían imposibles.

El Heraldo dice, “Ven, todavía falta más por mostrarte.” Vamos a un área que parece ser un mercado de agricultores, pero es un sitio donde se le muestra y enseña a la gente cómo vivir correctamente. Veo muchas carpas y mesas que venden libros y panfletos. Muchos enseñan cómo comer correctamente. Se me lleva a una carpa azul y blanca donde veo a Becky y a mí mismo. (Yo sé que esta escena simboliza nuestro ministerio y cómo compartimos con otros.) Encima de la carpa hay un anuncio muy grande que dice, “Atención: Adventistas del Séptimo Día.” Les decimos a las personas que el tiempo es corto y que ahora es el momento para arrepentirnos y abandonar nuestros hábitos pecaminosos. El Heraldo me muestra una mesa con montones de Biblias y el libro, Compromisos sutiles. También se proveen El Conflicto de los siglos. Dice el Heraldo, “Ahora es el momento para que cada Adventista del Séptimo Día lea y vuelva a leer ese libro. Si desean formar parte de los escogidos, deben comenzar a estudiarlo ahora. Éste es un libro que deben conocer y comprender. También deben comprender que Satanás odia este libro.” Ahora alguien grita, “No te necesitamos. Tenemos la Biblia y el Espíritu de Profecía.” El Heraldo me dice que ellos no forman parte de los que son. Me dice que observe cuidadosamente que Becky y yo usamos un paño blanco para limpiar nuestros rostros, la parte delantera de nuestros cuerpos y nuestros zapatos. Entonces noto una ventana detrás de nosotros que parece un gran lente de aumento. Muestra una Biblia y un libro titulado El Espíritu de profecía. (Yo sé que el libro representa todos los escritos de Elena G. de White.)

El Heraldo dice que es hora de irnos y regresamos al pasillo. Él dice, “Ahora debo llevarte a un lugar muy especial. Lo que te voy a mostrar ahora no te lo podré mostrar por mucho rato. Recuerda lo que te muestre y compártelo.” Me entrega unas botas especiales que debo ponerme encima de mis zapatos. Me da pantalones y una chaqueta para ponerme encima de mi ropa. Por último, me da un manto largo como cobertura final. El frente del manto tiene varios adornos muy elegantes. El Heraldo me dice, “Aférrate bien de mi mano. Observa lo que puedas. No hagas ningún ruido. No toques nada, ni siquiera el suelo. A los ojos de Dios, eres inmundo, pero digno. Sólo tendrás unos segundos para registrar lo que vas a ver.”

Atravesamos la pared y al instante sé que estoy en el Lugar Santísimo. Veo a Cristo de pie frente al propiciatorio. Está vestido de un manto blanco largo con campanas y granadas en el borde y puedo escuchar el tintineo de las campanas. Sobre la parte superior de su manto blanco lleva un manto purpúreo bellísimo. Pero decir purpúreo no le hace justicia. Creo que un nombre mejor sería el más santo y real violeta purpúreo. El fulgor de su ser brilla a través del manto blanco y hace que el morado resplandezca con tanta belleza y santidad. Veo que el propiciatorio parece casi exactamente como lo he visto ilustrado por Jim Pinkoski. La diferencia principal es que el propiciatorio que estoy mirando es de un oro perfectamente puro. No es transparente sino iridiscente, y parece como que olas de calor emanan de él.

Antes que Cristo se voltee nuevamente hacia el propiciatorio, veo el frente de su pecho. Lo describiré como mejor pueda. Sobre cada hombro hay una piedra muy especial. En cada piedra aparecen símbolos que no reconozco. De las piedras cuelgan como si fueran cuerdas que casi llegan a su cintura. Cuatro cuerdas cruzan su pecho de derecha a izquierda. Cada una está a una misma distancia de la siguiente. En cada cuerda están fijadas tres piedras distintas, cada una con una belleza que no es posible describir. Cada una está colocada a una distancia exacta de las demás, formando un total de doce piedras. El resplandor de Cristo hace que las piedras cobren fulgor. Su rostro no parece ser el de un hombre nacido en esta tierra, sino de un hombre hecho nuevo, sin imperfecciones, tal como los justos serán hechos nuevos y perfectos. Sobre su cabeza hay lo que parece ser una corona hecha de una tela de un blanco puro. Sobre la tela hay una corona de oro perfecto, y sobre ésa una corona de plata perfecta. Entonces Cristo se voltea hacia el propiciatorio. Tiene un incensario humeante en la mano, el cual sostiene sobre su cabeza. Mientras habla, veo destellos de luz que provienen de las cicatrices de los clavos en sus manos y sus pies. Su lado derecho emite una luz muy brillante. Le oigo decir, “Es por mi sangre, es por mi vida, es por mi sufrimiento que te los presento y pido, como tu Hijo, que los perdones.”

De repente, el Heraldo y yo estamos nuevamente en el pasillo. Dice que tiene más que mostrarme. Me lleva a una escena. Es al atardecer. Veo a Jesús con sus discípulos. Se dirigen hacia el Jardín de Getsemaní. Les dice que se queden allí y oren, pero se lleva a Pedro, Santiago y Juan más adentro del jardín. Les pide que oren, entonces va un poco más lejos y se arrodilla en un sitio donde se ha arrodillado antes. Comienza a agonizar sobre lo que pronto va a ocurrir. Pasan las horas y Él ora sin cesar. Jesús dice en alta voz, “Padre celestial, si es posible, permite que esta copa pase de mí, pero sea hecha tu voluntad y no la mía.” Me doy cuenta que el peso de todos los pecados está cayendo sobre Él. Su aspecto cambia al de alguien muy agobiado. Va y encuentra a los tres dormidos. Les pregunta por qué no pudieron permanecer despiertos orando. Me doy cuenta que lo dice por amor, porque sabe que son débiles. Regresa y sigue orando. Nuevamente dice en voz alta, “Padre celestial, si es posible, permite que esta copa pase de mí, pero sea hecha tu voluntad, no la mía.” Está débil de hambre y sed y de llevar los pecados del mundo. Todo su cuerpo comienza a sudar sangre. Sufre un colapso sobre la piedra.

El Heraldo me dice que me dé vuelta y mire hacia arriba. El cielo se desenrolla como un pergamino y veo una escena del trono de Dios. Noto que la imagen del Padre manda a un ángel muy noble que está junto al trono que vaya rápidamente a su Hijo. Veo que el ángel le ayuda a Jesús a llevar la copa simbólica a sus labios. El ángel le muestra aquéllos que serán salvos como resultado de su decisión. Jesús conoce su decisión y por tercera vez dice en voz alta, “Padre celestial, si es posible, permite que esta copa pase de mí, pero sea hecha tu voluntad y no la mía.” Cuando el ángel se levanta, por primera vez veo su rostro de cerca. Rápidamente me vuelvo hacia el Heraldo, quien me dice, “Tal como yo, tú eres un mensajero. Nosotros debemos dar mensajes y cuidar de aquéllos a los cuales somos dirigidos. Quién somos no es importante. Recuerda, el único nombre que todos debieran tener en sus labios es el de Jesucristo—nuestro Creador y Maestro, tu Hermano y Salvador. La escena que acabo de mostrarte es un estudio que todos deben hacer no una vez, sino muchas veces. Lo que hizo tu Salvador es más de lo que eres capaz de comprender ahora, pero será el estudio de los redimidos por toda la eternidad.7

Entonces el Heraldo y yo regresamos al Artesano y su obra de arte. Acaba de terminar y viene hacia donde yo estoy. Me llama por mi nombre celestial y dice, “Recuerda que comenzamos con dos camiones volquete llenos de lo que algunos pensaban constituiría una iglesia perfecta. Había toda clase de personas distintas. Nuestro Padre busca sólo el tipo genuino que no se va a desmoronar bajo presión, el tipo que no pretende con su exterior ni trata de ser algo que no es. Busca el tipo que no se pinta para parecer como desean ser vistos. Después de cernir y zarandear minuciosamente, tras una separación y selección minuciosa, después de colocar a cada uno en un horno para quitarle las impurezas e imperfecciones, una vez que cada uno ha permitido que se le amolde o cuadre para encajar bien, lo que queda es una escena de amor y perfección.” El Artesano me lleva donde pueda ver la obra de arte terminada. Miro al Artesano y entonces al Heraldo, el cual dice, “Recuerda que te dije que hay un estudio maravilloso de Jesús y el Jardín de Getsemaní.” Al mirar a la obra de arte, me doy cuenta que lo que veo está compuesto de miles de piedras. Cada una tiene un color y tamaño distinto. Juntas como una sola cosa, forman una escena hermosísima. Entonces el Heraldo le dice al Artesano que es necesario yo comprenda cuántas piedras fueron utilizadas para crear esa obra de arte. El Artesano responde, “144,000.”

Entonces observo mientras el Artesano se transforma de una persona en miríadas de seres resplandecientes. De repente, un sinnúmero de serafines, cada uno con seis alas, desciende. Claman, “Santo, santo, santo.” El Heraldo me explica, “Santo es el Padre, Santo es el Hijo, y Santo es el Espíritu Santo, pues esos tres son uno. En división, esos tres son individuos, porque cada uno es tan real como lo que se te mostró.”8 Entonces los serafines recogieron la obra de arte preciosa. Al alzarla en alto, su resplandor hizo que las piedras brillasen. La obra de arte ahora se torna en la escena de Jesús junto a la roca en el Jardín de Getsemaní.

El Heraldo dice que es hora de regresar donde comenzamos. Nos vamos y descendemos nuevamente a través del techo de la iglesia. Cuando me siento, veo que dos ángeles escoltan a Becky para sentarse junto a mí. El Heraldo me dice, “Lo que Dios ha juntado, no lo separe el hombre. Dios ha bendecido y santificado su matrimonio y desea que ambos continúen en su servicio.” Entonces asegura a Becky diciéndole, “Tu Padre celestial te ama tanto como ama a tu esposo. Él desea que ambos continúen en su servicio. Debes mantener tanto el manto azul como el blanco alrededor de ustedes dos. Debes saber que tu Padre te acompañará y proveerá por todas tus necesidades. Tu sacrificio es lo que Él ve.” El Heraldo termina diciendo, “Ya tengo que irme. Espero que ambos obtengan una bendición del culto.”

Entonces me doy cuenta que los serafines habían colocado la obra de arte al frente de la iglesia a la vista de todos. Al parecer, todo fue puesto en espera. Ahora, con Becky sentada a mi lado, el culto continúa. Nadie supo que yo había faltado ni que los ángeles habían escoltado a Becky para sentarla junto a mí. El pastor se pone de pie y va a la plataforma. Comienza diciendo que se siente honrado de poder hablar hoy sobre un himno muy especial. Dice,

“Antes de que toque la música, deseo compartir con ustedes la letra de este himno. Todos nos sentimos solos, pero sólo hay un lugar do estar.”

Abre el himnario y comienza a leer en alta voz, comenzando con la primera estrofa. [Traducción de la letra del himnario en inglés.]

En el corazón de Jesús hay amor para ti,

El amor más puro y tierno, el amor más profundo y verdadero.
¿Por qué sentirte solo? ¿Por qué suspirar por amistad,
cuando el corazón de Jesús está lleno de amor?

“Todos nos hemos enfrentado con algún tipo de temor. Todos hemos sido tentados. Los pensamientos de todos se han extraviado de Él. Sin embargo, nosotros tenemos a uno que ha pagado el precio.”

En la mente de Jesús hay pensamientos de ti,

cálidos cual verano, y dulces como el rocío matutino.

¿Por qué albergar temores?¿Por qué sentir ansiedad,

ya que Jesús cuida de aquéllos que Él compró?



“Todos debemos esforzarnos por hacer su obra, por cumplir con sus mandatos. Debemos contemplar cómo los ángeles trabajan constantemente. Debemos pedirle qué es lo que podemos hacer para servirle.”

En el campo del Señor hay empleo para ti;

es algo que a los ángeles les deleitaría hacer.

¿Por qué suspirar por una gran tarea mundanal,

cuando Cristo busca tu mano segadora?



“Todos somos vagabundos en busca de un hogar. Pero sólo hay un lugar do estar. ¿Lo entiendes? En el hogar de Jesús él tiene guardado un sitio para ti. ¡Es un sitio de tanta gloria, de tanta paz! ¿Por qué andar vagando cuando Jesús te ha preparado un lugar?”

En el hogar de Jesús hay un lugar para ti;
Glorioso, brillante, gozoso, pero también tranquilo y lleno de paz.
¿Por qué, entonces, andas con paso triste y cansado
si Jesús tiene guardado un lugar para ti?



1. Conflicto y valor, p. 30
Sin embargo, la historia de Jacob es una promesa de que Dios no desechará a los que fueron arrastrados al pecado, pero que se han vuelto al Señor con verdadero arrepentimiento. Por la entrega de sí mismo y por su confiada fe, Jacob alcanzó lo que no había podido alcanzar con su propia fuerza. Así el Señor enseñó a su siervo que sólo el poder y la gracia de Dios podían darle las bendiciones que anhelaba. Así ocurrirá con los que vivan en los últimos días. Cuando los peligros los rodeen, y la desesperación se apodere de su alma, deberán depender únicamente de los méritos de la expiación. . . Nadie perecerá jamás mientras haga esto...
2. Pacific Union Recorder [Revista de la Unión del Pacífico], 7 octubre 1909
“Aquí Josué está en pie como el representante del pueblo de Dios. A Satanás se lo representa como quien desea resucitar los pecados anteriores de Josué o los pecados anteriores del pueblo de Dios, de manera que pierdan su confianza en Dios y su asidero al cielo. Pero hallamos que Cristo está listo para resistir la obra de Satanás. Leemos: Zacarías 3:2 – 5:

3:2 Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?

3:3 Josué estaba vestido de vestiduras sucias, y estaba de pie delante del ángel.

3:4 Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras sucias. Y a él le dijo: Mira que hago pasar de ti tu pecado, y te voy a vestir de ropas de gala.

3:5 Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas.

3:6 Y el ángel de Jehová aseguró solemnemente a Josué diciendo:

3:7 Así dice Jehová de los ejércitos: Si andas por mis caminos, y eres fiel a mi ministerio, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre éstos que aquí están te daré lugar.

“Aún no llegaba la hora para que Josué fuese glorificado. Había quienes lo estaban observando, buscando una oportunidad para hacer relucir sus defectos y fracasos. Josué se había arrepentido de sus pecados anteriores, y Cristo los había perdonado, pero aquí Satanás los estaba resucitando para colocarlo en una luz falsa. Y Cristo declara lo que hará por Josué y por todos los que, como Josué, desean comparecer ante Él justificados. Las palabras fueron dichas, ‘Si andas por mis caminos, y eres fiel a mi ministerio, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre éstos que aquí están te daré lugar.” [Trad.]
3. Conflicto y valor, p. 30
“Todos los que traten de ocultar o excusar sus pecados, y permitan que permanezcan en los libros del cielo inconfesos y sin perdón, serán vencidos por Satanás. Cuanto más elevada sea su profesión, y cuanto más honorable sea la posición que ocupen, tanto más grave será su conducta ante los ojos de Dios, y tanto más seguro será el triunfo del gran adversario.”
4. The Review and Herald (La Revista adventista), 28 abril 1891
“Es el Espíritu Santo, el Consolador, quien Jesús dijo que lo enviaría al mundo, el que cambia nuestro carácter a la semejanza de Cristo; y cuando esto se logre, reflejaremos, cual espejo, la gloria del Señor. O sea, el carácter del que contempla a Cristo de esa manera se asemeja tanto al de él, que quien lo mira puede ver brillar el carácter de Cristo como por un espejo. Sin que nos demos cuenta, día tras día somos cambiados de nuestros propios caminos y voluntad a los caminos y voluntad de Cristo, a la belleza de su carácter. De esa manera crecemos en Cristo y reflejamos su imagen inconscientemente.” [Trad.]
5. 1 Pedro 1:7 “Para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual perece, aunque se pruebe con fuego, se halle que resulta en alabanza, gloria y honra en la revelación de Jesucristo.”

That I May Know Him (A fin de conocerle), p. 277
Cristo es el portador del pecado. Es nuestro Redentor, y desea purificamos de toda escoria. Desea hacernos partícipes de la naturaleza divina, desarrollando en nosotros los frutos apacibles de la justicia. El mismo hecho de que tengamos que soportar tribulaciones muestra que el Señor Jesús ve en nosotros algo muy precioso que desea desarrollar. Si no viera en nosotros nada con lo cual glorificar su nombre, no tomaría tiempo refinándonos. No nos tomamos el trabajo de podar las zarzas. Cristo no arroja piedras sin valor en su horno. Lo que prueba es el mineral precioso. Hace que el proceso refinador reproduzca su propia imagen. ... ¿Cuál es el resultado de este proceso refinador? Para que seáis hallados "en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo". ¡Oh, cuán preciosa es para el alma una sola palabra de elogio de los labios del Redentor! Tal vez no lo comprendamos todo ahora, pero vendrá el día cuando quedaremos más que satisfechos (Carta 113, 1898). [Trad.]
6. Patriarcas y profetas, p. 680
La paciencia de Dios hacia los impíos envalentona a los hombres en la transgresión; pero el hecho de que su castigo se demore no lo hará menos seguro ni menos terrible. ‘Jehová se levantará como en el monte Perazim, como en el valle de Gabaón se enojará; para hacer su obra, su extraña obra, y para hacer su operación, su extraña operación.’ (Isa. 28:21). Para nuestro Dios misericordioso, el acto del castigo es un acto extraño. ‘Vivo yo, dice el Señor Jehová, que no quiero la muerte del impío, sino que se torne el impío de su camino, y que viva.’ (Eze. 33:11). El Señor es, ‘misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad, ... que perdona la iniquidad, la rebelión, y el pecado.’ No obstante, "de ningún modo justificará al malvado.’ (Éx. 34:6, 7). Aunque no se deleita en la venganza, ejecutará su juicio contra los transgresores de su ley. Se ve forzado a ello, para salvar a los habitantes de la tierra de la depravación y la ruina total. Para salvar a algunos, debe eliminar a los que se han empedernido en el pecado. ‘Jehová es tardo para la ira, y grande en poder, y no tendrá al culpado por inocente.’ (Nah. 1:3). Mediante terribles actos de justicia vindicará la autoridad de su ley pisoteada. El mismo hecho de que le repugna ejecutar la justicia, atestigua la enormidad de los pecados que exigen sus juicios, y la severidad de la retribución que espera al transgresor.
7. The Review and Herald [La Revista adventista], 3 mayo 1881
“ Nadie piense que puede obtener la seguridad del amor de Dios sin hacer un esfuerzo fervoroso de su parte. Cuando a la mente se le ha permitido morar sólo en cosas terrenales, es cosa difícil cambiar los hábitos de los pensamientos. Con demasiada frecuencia, lo que los ojos ven y los oídos oyen llama la atención y absorbe el interés. Pero si algún día entramos a la ciudad de Dios y vemos a Cristo en su gloria, debemos acostumbrarnos aquí a contemplarlo con el ojo de la fe. Las palabras y el carácter de Cristo deben constituir el tema frecuente de nuestros pensamientos y nuestra conversación; y cada día algún tiempo debe ser dedicado especialmente a la oración y la meditación de los temas sagrados.” [Trad.]

El Conflicto de los siglos, p. 736
“Y a medida que los años de la eternidad transcurran, traerán consigo revelaciones más ricas y aún más gloriosas respecto de Dios y de Cristo.”
8. Manuscritos, tomo 7, p. 299
“Se nos ha reunido cual escuela, y debemos darnos cuenta de que el Espíritu Santo, el cual es una persona tanto como lo es Dios, camina por estos predios, que el Señor Dios es nuestro guardador y ayudador. Él escucha cada palabra que pronunciamos y conoce cada pensamiento de la mente.” [Trad.]

Fuente: http://www.formypeople.org/Sp/sp_35_in_the_heart_of_jesus.shtml

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