Ernie Knoll - Reverenciad mi santuario - 12 de Octubre de 2010

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Ernie Knoll - Reverenciad mi santuario - 12 de Octubre de 2010

Mensaje por Jakemax el Miér Jul 13, 2011 11:26 am

Reverenciad mi santuario

12 de Octubre de 2010

por Ernie Knoll

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En mi sueño, el cuarto donde estoy durmiendo se enciende lentamente, hasta que se ilumina más y más. Veo definirse una variedad de ángeles y oigo mi nombre. Me doy vuelta y veo al Heraldo. Me dice que ha venido para darme un mensaje que debo compartir y me llama la atención a los distintos tipos de ángeles que veo delante de mí. Me explica que aun antes de que los planos para la creación de esta tierra fuesen preparados, ángeles atendían al Creador en su perfección y grandeza. Estos ángeles son una muestra de los muchos que desean servir y reverenciar con el mayor cuidado.

El Heraldo señala a ciertos ángeles y dice, “Este ángel se destaca por su fuerza; este ángel sobresale en su velocidad de viaje; este ángel sirve como ángel marcador; este ángel es un ángel guardián; este ángel es un ángel que consuela; este ángel es un ángel que ayuda el entendimiento; este es un ángel de batalla; este es un ángel registrador; este es un ángel mensajero; este es un arcángel; este es un querubín; este es un serafín.” Veo muchos ángeles más que representan el poder divino del Creador. El diseño y propósito de cada uno es distinto.

Entonces el Heraldo describe las cualidades de estos ángeles. El ángel que se destaca por su fuerza es alto, pero bien proporcionado. El ángel que sobresale por su velocidad no es tan grande, sino más bien delgado y muscular, pero todavía de apariencia perfecta. Sus alas parecen energía y luz pura, y sé que el Gran Diseñador le dio a este ángel la capacidad de viajar a velocidades que no soy capaz de comprender. No comprendo muy bien los ángeles marcadores, excepto que su tarea es marcar los sitios donde descansan las criaturas de Dios hasta que Jesús las llame a vida eterna o a muerte eterna. La tarea del ángel guardián es cuidar a los individuos en esta tierra. Se me hace entender que a ciertos individuos se les asigna más de un ángel guardián. Esos ángeles adicionales han sido quitados de individuos a quienes el Gran Padre ha mandado que ya no tengan un ángel guardián. Así como todos los demás ángeles, el ángel consolador no es ni masculino ni femenino, pero éste tiene un semblante de ternura. El ángel que ayuda con el entendimiento está listo para guiar en lo que el Gran Padre instruya. La apariencia del ángel de batalla es una con la cual nadie desearía habérselas. Tiene una espada en una mano y lo que parece ser un escudo en la otra, con el cual protege al individuo a quien está defendiendo. Cada día estos ángeles pelean en muchas batallas; reciben su protección del Gran Padre y protegen a los fieles siervos de Dios contra los agentes de Satanás. El ángel registrador tiene un aspecto noble, pero también humilde. Con su brazo izquierdo sostiene algo que parece una tableta de cristal puro, y él mueve su mano derecha sobre la superficie para grabar cada pensamiento, palabra y acción. Estos ángeles registran cada momento de las criaturas de Dios hasta el día cuando los ángeles marcadores comienzan su obra. Los ángeles que sirven de mensajeros tienen la capacidad de viajar a gran velocidad. Cada uno de ellos también lleva una tableta de cristal y sobresale en su capacidad de repetir un mensaje con perfecta exactitud. El arcángel es un poco más alto que los otros tipos de ángeles y tiene un aspecto muy noble. El Heraldo tiene ese mismo aspecto, pero es más alto y de apariencia más noble que los otros. Los querubines no son como se los pinta en tantas estatuas y cuadros. Este ángel tiene casi la misma altura y nobleza del arcángel. Es uno de los muchos que está en pie muy cerca de la presencia del Padre celestial. Estos ángeles son altos y majestuosos, con dos alas muy pronunciadas y elegantes que sobresalen por encima de sus cabezas, aun cuando están dobladas. Hay otros tipos de ángeles, pero el último que se me presentó fue el serafín. No puedo decir lo merecido al describir su apariencia, porque se asemeja a luz viva, como si irradiase energía pura. Cada uno de esos ángeles tiene seis alas, colocadas en su espalda en forma simétrica. Su rostro es único y con una belleza divina—un diseño que sólo el Diseñador Más Grandioso pudiese haber formado para un ángel. Cada ángel posee un diseño perfecto, diseñado por la mano perfecta de Dios. Ésta es sólo una muestra pequeña de su gran poder creador.

Entonces el Heraldo mueve su mano como si fuese a presentar un panorama detrás de los ángeles reunidos. Entonces los lados de mi casa parecen tornarse en vidrio, como si las paredes se disolvieran. Más allá veo otros tipos de ángeles, todos con el único propósito de servir al Dios del universo. Constituyen un tributo a su Creador. Es cosa sorprendente ver una variedad tan grande de ángeles, cada uno creado con tanta perfección.

Entonces el Heraldo me dice que es hora de llevarme a algún sitio. Le pregunto si Becky puede acompañarnos. Él repite mi nombre celestial y me explica que esto es un sueño, que ambos estamos dormidos, y que Becky no va a saber nada de lo que yo he visto hasta que yo se lo cuente cuando ambos estemos despiertos. Me dice, “Se me ha indicado que debo mostrarte algo de muchísima importancia. Esto es para todos los que estén dispuestos a escuchar, aprender y comprender. Recuerda, si eres fiel y necesitas ángeles, tu Creador, Hermano y Salvador ha prometido que te los enviará. Nosotros estamos aquí, listos para servir. Si tienes otras necesidades, puede ser que no recibas lo que pidas, pero recibirás lo que el Padre celestial mande.”

Entonces el Heraldo me pide que lo acompañe. Le doy mi mano derecha e inmediatamente estamos en un sitio que necesita mucha explicación. Me dice que se me lo está mostrando de una manera que yo pueda comprender. Lo miro e inmediatamente pienso que me va a ser difícil describir lo que veo. El Heraldo me asegura que cuando prepare el sueño, el Espíritu Santo guiará mis palabras y me ayudará a describir lo que veo y experimento.

Sé que estoy en el atrio exterior de uno de los salones que conduce al sitio reverente donde está el trono de Dios. Es una estructura hermosísima, y sé que no puedo denominarla ni edificio ni mansión. Sin embargo, aquí es donde se encuentra la presencia de Dios. El Heraldo dice que me van a llevar donde está el trono mismo del Padre celestial, pero me indica que no podré mirar Su Reverencia, porque sería consumido, a pesar de que esto es sólo un sueño. Me explica el Heraldo que él, con muchos otros que le sirven, me protegerán del incomprensible poder del Gran YO SOY.

Sé que estoy parado en las afueras de la parte interior de la gran Ciudad Santa. Comenzamos a caminar y entramos en el primer salón. No puedo describir el tamaño del salón. Entonces entramos en otro salón muy grande, el cual está dentro del salón anterior. Seguimos hacia otros salones muy grandes que están dentro de otros salones, y entonces me encuentro de pie en el umbral del salón más interior de todos los salones. Con voz muy suave, el Heraldo me dice que estamos por entrar en la santísima y reverente sala del trono. Me susurra que aquí es donde hallaremos la presencia de Dios y que de este punto en adelante no pisaremos el suelo. Nadie debe tocar el suelo, porque eso profanaría la presencia de Aquél que es el Padre. Yo sólo debo mirar y escuchar, pero no debo hablar, a menos que me manden a hacerlo. Me van a llevar ante la presencia del Gran YO SOY.

Al cruzar el umbral, nuestros pies se elevan del suelo. Ángeles nos acompañan y ellos, con el Heraldo, me cubren los ojos para que no vea al que está sentado en el trono. Logro ver lo que sólo puedo describir como un Ser muy, muy pero muy brillante que está sentado en un trono. No puedo divisar la forma de Dios, sólo su fulgor. Su trono es como un salón, en el cual Él se sienta. No es una silla grande, como yo me imaginaba, sino que consiste de muchos escalones que suben hacia arriba. El área para sentarse es enorme, quizá mida miles de pies de ancho, de alto y de profundidad. El trono grande y perfecto, santísimo y reverente, es de oro puro y transparente, lo cual expresa la reverencia del mismo. Por encima del trono diviso un arco iris perfecto, que expresa la promesa perfecta del Gran Cumplidor de Promesas.

Los ángeles y los otros seres creados en todo el universo obedecen las instrucciones del Padre celestial. Nadie profana el suelo del salón santísimo y reverente donde se encuentra el trono del que es la Gran Santidad. Los querubines cubren sus rostros nobles, perfectamente creados, mientras vuelan alrededor de su presencia. Es como si el solo hecho de mostrar sus rostros profanaría al Gran Todopoderoso. Los serafines, con sus seis alas, también vuelan en torno a la presencia de Dios. Ellos usan dos alas para cubrir su cabeza, las dos alas del medio para volar y dos alas para cubrir sus pies y la parte inferior de sus cuerpos. Comprendo que no usan sus alas para poder mantenerse volando, sino para mostrar reverencia al Padre Santo. Esos ángeles, junto con los querubines, se unen para alabar a Dios el Padre, al Hijo y al Espíritu Santo con sus cantos, diciendo, “Santo, santo, santo” para la gloria de Ellos.1 Los cantos que oigo de ninguna manera se parecen a la música que destruye la reverencia de muchos cultos en la tierra.

Muchos ángeles entran y rápidamente son enviados, incluyendo ángeles que sobresalen en fuerza, los que se destacan por su velocidad, y los ángeles marcadores y registradores. Muchos ángeles entran ante su grande y divina presencia. En forma especial noto el temor reverente y respeto que se muestra en este lugar. Nadie pronuncia una palabra que no sea necesaria. Nadie habla, a menos que la voz del que está sentado en el trono le hable. Esa voz es la que he escuchado, la cual se asemeja al sonido de muchas aguas. La música es santa y reverente, y los cantos son para la gloria de Dios. Es muy distinta de la música que se presenta en nuestros cultos de adoración. Cuando los ángeles se acercan reverentemente al trono de Dios, cada uno se cubre el rostro para demostrar respeto y reverencia, aunque esos rostros fueron creados nobles y perfectos.

Sin pronunciar una sola palabra, el Heraldo y los ángeles acompañantes me escoltan de la sala reverente y santísima hacia el siguiente salón. En voz baja, el Heraldo me explica la gran cantidad de tronos que vi en la sala del trono. Los tronos más cerca al trono de Dios van a ser ocupados por aquéllos que una vez fueran hábiles siervos de Satanás. Ellos cumplieron con muchos de sus pedidos, pero escucharon esa voz suave y tierna del Espíritu Santo. Renunciaron al servicio de Satanás y comenzaron a obedecer la voz de Dios. Después de esos siervos fieles se ubicarán los elegidos de Dios—los que son—los 144,000 que llegan a asemejarse a Cristo y estarán en pie en los últimos días sin su Mediador. Después de ellos estarán los mártires que hicieron el sacrificio máximo para Dios. Sin embargo, Cristo fue Quien hizo el sacrificio más grande de todos. Y por último, estará la gran muchedumbre. Sería más fácil contar las briznas de hierba en un campo grande que contar a estos individuos. Al contemplar la escena delante de mí, veo cuatro grupos escogidos—los que estuvieron más cerca a Satanás; los 144,000; los mártires; y la gran muchedumbre.2

Entonces el Heraldo levanta su brazo derecho y manda, “Mira lo que ha sido escrito. Lee y recuerda lo que Dios le mostró a su profetiza, Elena de White, que ella debía registrar para estos últimos días. Hoy, más que nunca antes, existe mucha ignorancia en cuanto a cómo se debe reverenciar el santuario.” Miro hacia el cielo, a lo que parece ser una pantalla, y veo palabras.

Nunca debemos mencionar con liviandad los títulos ni los apelativos de la Deidad... Los ángeles velan sus rostros en su presencia. Los querubines y los esplendorosos y santos serafines se acercan a su trono con reverencia solemne. ¡Cuánto más debemos nosotros, seres finitos y pecadores, acudir en forma reverente delante del Señor, nuestro Creador!” La Maravillosa Gracia de Dios, p. 94.
La Fe por la Cual Vivo, p. 43.3 (EGW)

Vi que el santo nombre de Dios debe pronunciarse con reverencia y temor.

Algunos piensan que es una señal de humildad el orar a Dios de una manera común... Profanan su nombre mezclando innecesaria e irreverentemente con sus oraciones las palabras ‘Dios Todopoderoso,’ palabras solemnes y sagradas, que no debieran salir de los labios a no ser en tonos subyugados y con un sentimiento de reverencia. Él mora en luz inaccesible; nadie puede verlo y vivir. La Fe por la Cual Vivo, p. 43.

Dice el Heraldo, “Debido a que ha sido olvidado, debo darte instrucciones en cuanto a la manera correcta de celebrar cultos reverentes de adoración. Observa y sepas que vas a recordar lo que se te muestre para que lo prepares. Yo iré contigo al sitio donde has de aprender.” Le extiendo mi mano derecha y al instante estamos en un cuarto grande, blanco. Me siento en un pupitre, y él se para frente a lo que parece ser un tablero blanco. Cuando él comienza a hablar, veo aparecer palabras en el tablero.

Las risas, las conversaciones y los cuchicheos que podrían no ser pecaminosos en un lugar de negocios comunes, no deben tolerarse en la casa donde se adora a Dios....

La verdadera reverencia hacia Dios es inspirada por un sentimiento de su grandeza infinita y de su presencia. Y cada corazón debe quedar profundamente impresionado por este sentimiento de lo invisible. La hora y el lugar de reunión son sagrados, porque Dios está allí; y al manifestarse la reverencia en la actitud y conducta, se ahondará el sentimiento que la inspira. “Santo y terrible es su nombre”, declara el salmista. Salmo 111:9.3.

Cuando se abre la reunión con oración, cada rodilla debe doblegarse en la presencia del Santo y cada corazón debe elevarse a Dios en silenciosa devoción.... Cuando se pronuncia la oración de despedida, todos deben permanecer quietos, como si temiesen perder la paz de Cristo. Salgan todos sin desorden ni conversación, sintiendo que están en la presencia de Dios, que su ojo descansa sobre ellos y que deben obrar como si estuviesen en su presencia visible. Nadie se detenga en los pasillos para conversar o charlar, cerrando así el paso a los demás. Las dependencias de las iglesias deben ser investidas con sagrada reverencia. No debe hacerse de ellas un lugar donde encontrarse con antiguos amigos, y conversar e introducir pensamientos comunes y negocios mundanales. Estas cosas deben ser dejadas fuera de la iglesia. Dios y los ángeles han sido deshonrados por la risa ruidosa y negligente, y el ruido que se oye en algunos lugares. Consejos para la Iglesia, p. 451-454.

Otros deshonran a Dios al permitir que niños corran dentro del santuario. El Padre Santo debe ser adorado con santidad y reverencia. Cada uno debe saber que su santuario es un lugar donde Él y su pueblo se reúnen para el culto. Los cantos que se cantan, las palabras ungidas del ministro tienen el propósito de acercar a cada individuo al trono de la gracia y misericordia de Dios. El culto de adoración constituye un sitio y hora muy sagrados.

El Heraldo me recuerda que cuando entramos al salón del trono, nadie hablaba a menos que Dios le hablase. Delante de su presencia perfecta, todos cubrían sus rostros, y nadie tocaba el suelo, porque no son dignos de hacerlo. Muchos cubrieron mi rostro, porque yo todavía estoy en esta tierra pecaminosa.

El Heraldo siguió explicando que la presencia del Padre no se encuentra en un culto de adoración donde hay instrumentos, tales como guitarras, tambores y teclados, que se tocan de una manera equivocada. Se me hace entender que los instrumentos no son malos, excepto cuando tocan la música indebida. En el culto de Dios, no debe haber ni actuación ni entretenimiento. Sin embargo, eso ocurre cada semana en su iglesia escogida. Los que dirigen le piden al Santo Padre que los acompañe en su culto de adoración. Y esos descarriados piensan que la música y cantos que presentan le agradarán al Justo y Santo, a Aquél a quien los querubines y serafines cantan. Los ángeles cubren sus rostros, cubren sus cuerpos, y ni siquiera tocan el suelo delante de Él.

¿Por qué se confunden tan fácilmente los adoradores, no obstante las instrucciones de Dios sobre cómo adorarlo reverentemente? ¿Por qué deshonran al Padre celestial de esa manera? ¿Por qué hacen caso omiso a las reprensiones e instrucciones que se les han enviado a través de sus profetas? ¿Será que prefieren celebrar ahora, para después enfrentarse al fuego destructor? ¿Qué será lo que están pensando al ofrecer tantas demostraciones vergonzosas a la vista del Creador del universo? ¿Por qué será que son incapaces de entender que Dios ve lo que hacen en sus iglesias? Él escucha los gritos y ve todos los gestos, bailes y música que fueron diseñados para sacar a relucir el ritmo carnal de los corazones y mentes de los hombres. Un día, cada uno tendrá que comparecer delante de la santa presencia de Dios para recibir su sentencia.

Entonces el Heraldo explica que hay muchos tipos distintos de culto que celebran muchas razas, los cuales no concuerdan con las instrucciones de Dios. Sin embargo, el Heraldo mencionó en forma específica los errores graves que se llevan a cabo en las iglesias carismáticas de la raza negra. Esas iglesias creen que sus métodos pueden excusarse, debido a su raza y cultura. Esas iglesias presentan un culto que no rinde homenaje al Creador. Sólo trae honra y gloria al que en realidad están adorando—a Satanás. A los ojos del que está sentado en el trono celestial y de los ángeles que lo adoran con reverencia, hay una diferencia profunda entre los cultos carismáticos y cómo Dios ha pedido que su pueblo le adore. Debes entender que no se hallará la presencia del Padre, ni estarán presentes los santos ángeles, en las iglesias donde adoran de un modo cultural. ¿Por qué creen que pueden excusarlo debido a su raza? Los ojos del Padre Santo no ven razas. No hay excusa. Los atrios celestiales están llenos de muchos tipos distintos de ángeles. El universo está lleno de una variedad de criaturas. Sin embargo, el sinnúmero de los ángeles creados y todos los seres creados por la Divinidad a través del universo, adoran al Único Padre Verdadero de la misma manera—con reverencia y temor. Por medio de sus profetas, Dios ha mostrado cómo adorar con reverencia.

Por lo tanto, si en el día sábado ni el Padre celestial, ni su Hijo, ni el Espíritu Santo, ni los santos ángeles acompañan sus cultos, ¿quién va a estar presente? El Padre observa cómo los agentes de Satanás han guiado a los que han corrompido su iglesia. Y esas almas perdidas creen que el Espíritu Santo las guía.

Dice el Heraldo, “Lo que te digo viene de los labios del que está sentado en el trono celestial: ‘¡Ay de los que habéis tomado la mano de Satanás mismo, el maligno y tenebroso.’ El Padre santo ha visto los cultos de los que adoran con mano liberal. Él ha visto a aquéllos que piensan que sus propios cultos son de Él. Sin embargo, todo debe ser conforme ‘A la ley y al testimonio’. Dios tendrá una iglesia recta. Él tendrá un pueblo que adorará al Único y Verdadero Padre. Todos los demás recibirán su plena recompensa en la segunda resurrección, junto con Satanás y sus ángeles”.

El Heraldo se aparta del tablero blanco y dice, “Sepan y entiendan los que buscan la verdad, los que desean ser dirigidos por el Padre, los que desean ser instruidos por el Espíritu Santo, que es mucho mejor adorar en su propio hogar o debajo de un árbol con un grupo pequeño, que poner el pie en una casa de culto que no pertenece al Padre celestial, sino al padre de todas las mentiras y engaños.3 Es mucho mejor adorar con pocos que sirven a Dios, que unirse a una multitud que adora a Satanás.”

El Heraldo regresa al tablero blanco y dice, “He aquí lo que Dios le mandó a escribir a su profetiza, Elena de White, para los que desean saber cuál es la forma correcta de adorar a Aquél que merece toda la adoración.”

Cuando el ministro entra, debe, ser con una disposición solemne y digna. Debe inclinarse en oración silenciosa tan pronto como llegue al púlpito a pedir fervientemente ayuda a Dios. ¡Qué impresión hará esto! Habrá solemnidad y reverencia entre los oyentes. Su ministro está comulgando con Dios; se está confiando a Dios antes de atreverse a presentarse delante de la gente. Un sentimiento de solemnidad desciende sobre todos, y los ángeles de Dios son atraídos muy cerca. Cada uno de los miembros de la congregación que teme a Dios, debe también unirse en oración silenciosa con él, inclinando su cabeza, para que Dios honre la reunión con su presencia y dé poder a su verdad proclamada por los labios humanos. Testimonios para la Iglesia, tomo 5, p. 465

Un ministro conversando con otro en el púlpito ante la congregación, riendo y aparentando no tener preocupación por el trabajo, o careciendo de un sentido de solemnidad a su sagrado llamado, deshonra la verdad, y rebaja lo sagrado al nivel de cosas comunes. El ejemplo es como para quitar el temor a Dios de la gente, y desmerecer la dignidad sagrada del evangelio que Cristo murió para magnificar. De acuerdo a la luz que me ha sido dada, sería agradable para Dios que ellos se postraran tan pronto pasan a la plataforma, y solemnemente pidieran la ayuda de Dios. El Ministerio Pastoral, p. 204

Los que hacen del canto una parte del culto divino, deben elegir himnos con música apropiada para la ocasión, no de notas fúnebres, sino alegres, y con todo, melodías solemnes. La voz puede y debe ser modulada, enternecida y subyugada.— El Ministerio Pastoral, p. 204

Es imposible estimar en demasía la obra que el Señor quiere llevar a cabo mediante los que se consideran vasos o instrumentos suyos, para poner en acción sus pensamientos y propósitos. Esas mismas cosas que habéis explicado que ocurrían en Indiana, el Señor me ha mostrado que volverían a ocurrir justamente antes de la terminación del tiempo de gracia. Se manifestará toda clase de cosas extrañas. Habrá vocerío acompañado de tambores, música y danza. El juicio de algunos seres racionales quedará confundido de tal manera que no podrán confiar en él para realizar decisiones correctas. Y a esto consideran como la actuación del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo nunca se manifiesta en esa forma, mediante ese ruido desconcertante. Esto constituye una invención de Satanás para ocultar sus ingeniosos métodos destinados a tornar ineficaz la pura, sincera, elevadora, ennoblecedora y santificadora verdad para este tiempo. Es mejor no mezclar nunca el culto a Dios con música, que utilizar instrumentos musicales para realizar la obra que en enero pasado se me mostró que tendría lugar en nuestras reuniones de reavivamiento. La verdad para este tiempo no necesita nada de eso para convertir a las almas. El ruido desconcertante aturde los sentidos y desnaturaliza aquello que, si se condujera en la forma debida, constituiría una bendición. El influjo de los instrumentos satánicos se une con el estrépito y el vocerío, con lo cual resulta un carnaval, y a esto se lo denomina la obra del Espíritu Santo. Mensajes Selectos, tomo 2, p. 41

El Heraldo enseña que lo que ven y oyen los Ojos que todo lo ven y los Oídos que todo lo oyen, no le agrada en ninguna manera. Aquél que merece el culto más reverente ha dado instrucciones claras. Sin embargo, muchos de su pueblo de los últimos días, los Adventistas del Séptimo Día, no se atienen a las instrucciones de Dios. Son incapaces de comprender el engaño que ha descendido sobre ellos en sus cultos de adoración. La hueste angelical del cielo y todos los habitantes del universo se preguntan por qué es que hay algunos en la iglesia de Dios que desean ser como el mundo en sus prácticas de culto. Dios ve que las iglesias presentan cultos carismáticos u otros cultos liberales. Él ha dicho que no desea eso. Sin embargo, los dirigentes, impulsados por el espíritu de Satanás, instruyen a los pastores a que hagan cultos que no son conforme a las instrucciones de Dios. El Padre celestial debe recibir respeto y reverencia de los que se presentan delante de Él, porque Él es el Gran Creador. A pesar de esto, ni los dirigentes ni los pastores le rinden ese respeto, sino que permiten que Satanás, el gran engañador, mande que se celebren estilos de culto erróneos.

El Heraldo se acerca a mí y me explica que algunas iglesias se esfuerzan por llevar a cabo un culto de adoración del cual el Ojo y el Oído del Eterno aprueban. Hay muchos que celebran cultos de adoración como si estuviesen en un estadio para el entretenimiento. Celebran los cultos de una manera que agrade a los sentidos. Presentan cantos y un tipo de música que se escucha comúnmente durante el resto de la semana, y que el Creador aborrece.

En el sueño titulado, “La Gran Prueba” se me mostró una manera como Satanás engañará cuando descienda como “el Cristo”. La música que presentará durante su “venida” será reverente y solemne, y todos sus ángeles demostrarán respeto y temor. ¿Por qué será que él no va a presentar el ruido denominado “música” que se usa en la iglesia de Dios en los últimos días? Porque él sabe que cuando regrese el Cristo verdadero, Él no usará ese tipo de música.

Los que en verdad buscan a Dios deben preguntarse a sí mismos si la forma como adoran a Dios le complace a Él. Si en la iglesia suya se presentan cultos que no son santos, vaya a su pastor y preséntele su preocupación. Si el pastor no hace nada para remediar la situación, no siga asistiendo a esa iglesia. Si usted es un Adventista del Séptimo Día y no encuentra una iglesia que adore correctamente, adore en su hogar. Es preferible reunirse con otros que crean de la misma manera, sabiendo que Dios y sus santos ángeles estarán presente, aunque sólo haya unos pocos.4 Recuerde, lo que hace que alguien sea un Adventista del Séptimo Día no es un edificio, sino sus creencias. No pague sus diezmos y ofrendas a las iglesias corrompidas, sino busque un pastor o un ministerio que cumpla con las instrucciones de Dios. El dador debe cumplir con la regla sencilla de probar los “frutos”. ¿Lleva en realidad ese pastor o ministerio almas perdidas a Cristo? ¿Hay un llamamiento genuino al arrepentimiento, al reavivamiento y a la reforma? Si es así, Dios bendecirá esos diezmos y ofrendas. Si un dirigente o los dirigentes de una organización piden que haya reavivamiento y reforma, pero no piden arrepentimiento, ellos no representan a Dios. Si el pastor pide arrepentimiento, pero no hay reforma, él no merece ese título. Si él pide reforma, pero no hay arrepentimiento, él no merece el título.

Se te ha enseñado en cuanto a la apostasía y cómo las teorías espiritistas se practican comúnmente. Los verdaderos Adventistas del Séptimo Día adorarán aparte de los que cumplen con las instrucciones de Satanás. Sin embargo, ellos no se engañarán a sí mismos con la idea de que deben abandonar la organización Adventista del Séptimo Día. No deben despojarse del nombre, Adventista del Séptimo Día, sino que deben abrigar ese nombre a su corazón como algo muy precioso. Puede ser que cada uno se sienta como que está solo, pero está unido con otros que ven la apostasía, el espiritismo, y los cultos satánicos de adoración. El Padre celestial ha enviado mensajes específicos a los que estén dispuestos a escuchar, a los que estudian y meditan sobre lo que se ha presentado. El Padre celestial le pregunta a cada Adventista del Séptimo Día, “¿Reverenciarás mis santuarios?”

El Heraldo coloca ambas manos sobre mis hombros y dice, “Lo que se te acaba de mostrar ha ocurrido a lo largo de muchas noches. Sepas que los ángeles y el Espíritu Santo te ayudarán cuando prepares estos mensajes importantes. No te preocupes por lo que otros digan. Recuerda, tú eres un mensajero llamado para presentar estos mensajes. Los que escuchen estas palabras, discernirán la dirección del Espíritu Santo. Los que no lo hagan y sigan adorando de la manera como lo han estado haciendo, se encontrarán con su Creador en la segunda resurrección, junto con Satanás, a quien ellos adoran. Debe quedar claro que cada individuo tendrá que rendir cuentas a Aquél que se sienta en su gran trono celestial. ¿Adorarán con reverencia al Padre Santo del cielo, y vivirán por toda la eternidad en adoración reverente con los santos ángeles y los habitantes del universo? O, ¿elegirán seguir con los cultos de Satanás, y hallarse con él y sus ángeles en el fuego consumidor? Cada uno debe escoger a quién va a adorar.”

1. Isaías 37:16
Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra.

Isaías 6:2-3
Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo es Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.
2. El Conflicto de los Siglos, p. 646
Inmediatos al trono se encuentran los que fueron alguna vez celosos en la causa de Satanás, pero que, cual tizones arrancados del fuego, siguieron luego a su Salvador con profunda e intensa devoción. Vienen después los que perfeccionaron su carácter cristiano en medio de la mentira y de la incredulidad, los que honraron la ley de Dios cuando el mundo cristiano la declaró abolida, y los millones de todas las edades que fueron martirizados por su fe. Y más allá está la “grande muchedumbre, que nadie podía contar, de entre todas las naciones, y las tribus, y los pueblos, y las lenguas [...] de pie ante el trono y delante del Cordero, revestidos de ropas blancas, y teniendo palmas en sus manos” Apocalipsis 7:9. Su lucha terminó; ganaron la victoria. Disputaron el premio de la carrera y lo alcanzaron. La palma que llevan en la mano es símbolo de su triunfo, la vestidura blanca, emblema de la justicia perfecta de Cristo que es ahora de ellos.
3. Consejos para la Iglesia, p. 450
Felices son los que tienen un santuario, sea alto o humilde, en la ciudad o entre las escarpadas cuevas de la montaña, en la humilde choza o en el desierto. Si es lo mejor que pueden obtener para el Maestro, él santificará ese lugar con su presencia y será santo para el Señor de los ejércitos.
4. Mateo 18:20
Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos.


Fuente: http://www.formypeople.org/Sp/sp_47_reverence_my_sanctuary.shtml

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