Ernie Knoll - 2011 03 06 - ¿Hacia dónde estás mirando?

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Ernie Knoll - 2011 03 06 - ¿Hacia dónde estás mirando?

Mensaje por Jakemax el Miér Jul 13, 2011 12:01 pm

¿HACIA DÓNDE ESTÁS MIRANDO?

6 de marzo de 2011

por Ernie Knoll

www.formypeople.org


En mi sueño estoy parado afuera, frente a una mansión muy grande y hermosa con muchas habitaciones. Al mirarla, pienso en cuán ricos deberán ser los dueños. A la izquierda, alejado un poco de la mansión, hay un garaje inmenso independiente, más grande que la mayoría de las casas. Camino hacia allá y entro. Allí veo muchos autos exóticos distintos, todos muy caros. En un área, hay varios hombres trabajando con algunos de los autos. Yo sé que los dueños emplean a esos hombres para mantener los autos limpios y en perfectas condiciones de funcionamiento.

Entonces camino hacia el frente la mansión y veo que a la derecha hay jardines muy grandes, hermosamente cuidados, con flores y un inmenso huerto de frutas y nueces. Muchos caminos atraviesan el jardín, donde los dueños pueden correr o caminar. También disfrutan de su lago grande con una isla en el centro, y varios barcos eléctricos. Los jardines se conectan con muchos acres de bosque, donde hay más senderos. Los dueños emplean a varios jardineros para mantener bien el lugar.

Cuando camino por detrás de la mansión, veo a la derecha una cancha de tenis, y detrás hay un campo de golf privado y cuatro carritos para golf personalizados. A la izquierda hay una piscina grande, con mesas y sillas playeras para agasajar a huéspedes. En esta área se oye música suave de fondo.

De nuevo camino hacia el frente de la mansión y esta vez atravieso la puerta cerrada del frente como si no estuviera ahí. Yo sé que nadie me puede ver. Ahora estoy parado en un vestíbulo inmenso. Hacia la izquierda veo una abertura que se extiende hacia la entrada de atrás de la casa y hacia muchos cuartos que hay en el primer piso. Frente a mí hay una escalinata grande que sube hasta el siguiente nivel. Arriba hay una abertura que va hacia la derecha y la izquierda. Al caminar por la casa, queda claro que los dueños han adquirido una gran colección de muebles finos, incluyendo cuadros famosos. Por toda la casa hay luces empotradas que iluminan todo, incluyendo luces especiales para los cuadros. Empleadas domésticas limpian y pulen los muebles para mantener todo en la mejor condición posible. Los dueños le han puesto mucha atención a este lugar para poder disfrutarlo.1

Oigo voces y camino nuevamente hacia la entrada, donde veo a los dueños bajar por la escalinata. Son el esposo y la esposa, y están discutiendo, argumentando y peleando el uno con el otro. Me pregunto cómo es posible que dos personas se enojen entre sí cuando viven en un sitio tan maravilloso. Hasta tienen empleados para preparar y servir las comidas. Están argumentando mientras descienden por la escalinata. Ahora comprendo que, a pesar de todo lo que el esposo le ha dado a su esposa, ella no es feliz. Le dice a él que ya no lo ama y que lo va a dejar. Ella ha comprado su propia mansión más grande y piensa llevarse la mayoría de los muebles y pertenencias a su propiedad. Muchos empleados han empacado su ropa y otras pertenencias para llevárselas a su nuevo hogar. Cuando ella sale, el esposo está de pie, rodeado por muchos de sus empleados, sin embargo, se siente solo.

Entonces se acerca a la mansión una limusina grande y negra. Un hombre con un maletín y vestido de un traje muy fino sale del auto. Va hacia el esposo y saca varios papeles de su maletín. Se los entrega al esposo y le dice que acaba de perder todo lo que posee, su mansión y todo lo que se relaciona con ella, sus autos y su dinero. Tiene que irse con sólo la ropa que tiene puesta. El hombre le entrega al esposo un papel más y le explica que ha perdido su empleo. Ésa es la razón por la cual el esposo ha perdido todo. Había adquirido mucho, y ahora ha perdido mucho. Dos hombres fuertes lo llevan a un taxi que está esperando. Le explican que el chofer lo va a llevar a la ciudad grande cercana, y allí podrá tratar de hallar ayuda. Antes de entrar al auto, se da vuelta y mira una vez más a todo lo que había poseído.

Ahora me encuentro en un sector de la ciudad donde hay muchos desamparados. Un taxi se acerca a la acera, y de ahí sale el hombre que ha perdido todo. Muchos desamparados le dan la bienvenida. Algunos le preguntan qué es lo que hacía antes, y otros le dicen cómo subsistir. Él observa un anciano que no deja de mirarlo, pero no dice nada. Hace mucho tiempo que ese hombre ha estado desamparado. Su rostro está desgastado de vivir a la intemperie; y lo rodea un ambiente de paz y tranquilidad. Su barba y cabellos encanecidos son largos y ondeados.

Entonces otro desamparado le dice al hombre que ha perdido todo que no se preocupe, porque todos los que están ahí han perdido todo, y seguirán subsistiendo juntos. Señala al anciano y dice, “Lo llamamos Manuel. No recordamos un momento cuando él no haya estado aquí. Manuel nos cuida a todos y siempre se asegura de que tengamos comida y un sitio donde dormir.”

Manuel se acerca al hombre nuevo y le promete que recibirá lo que necesita por medio de la bondad de otros. Le pregunta al hombre si desea caminar con él. Cuando comienzan a caminar, veo que Manuel es cortés y bondadoso y que sus ojos expresan amor. Cuando habla, su voz es consoladora. Parece ser un hombre que ha trabajado arduamente y ha sufrido mucho. Me doy cuenta que debido a eso, él puede ayudar a otros. Le dice al hombre nuevo que tiene algo muy importante que mostrarle. A una corta distancia los siguen muchos otros desamparados. Mientras caminan, yo sé que ellos no cuidan al anciano, sino que él los cuida a ellos y los ama de una manera que yo no comprendo.

Ellos entran a un edificio, y Manuel le muestra al hombre nuevo dónde puede dormir y obtener alimento. Entonces, lo lleva a un sitio que parece una sala de reuniones con muchas sillas. Al frente del salón hay una plataforma, y en la pared detrás de la plataforma hay un cuadro grande. No puedo ver de qué se trata el cuadro, porque el salón está oscuro. Entonces Manuel le dice al hombre, “Te he mostrado dónde puedes hallar descanso y alimentos. Ahora te voy a mostrar dónde podrás hallar paz”.

Manuel prende una luz y ahora veo que es un cuadro de Jesús de la cintura hacia arriba. Su brazo está extendido, como si estuviera esperando que alguien le tomara la mano. Viste un manto blanco, con listones morados, azules, dorados y plateados que caen de sus hombros. Sus ojos parecen penetrar nuestras almas. Entonces todos los desamparados subieron a la plataforma y se reunieron delante del cuadro de Jesús. Manuel se sentó al frente con el hombre nuevo. Le dice que si mira a Jesús, Él suplirá lo que necesita. Le pregunta al hombre:  ¿ “Hacia dónde estás mirando? ¿Buscas las cosas de este mundo? ¿Buscas cómo sobresalir? ¿Buscas cosas que puedas poseer? ¿Hacia dónde estás mirando?  ¿Estás cansado y pasando por muchos problemas?  Cuando miras a tu alrededor, ¿sólo ves oscuridad”?  Manuel lo rodea con su brazo y señala hacia el cuadro. Le dice que todos los que lo tomen de la mano podrán hallar lo que necesitan. Entonces, los desamparados comienzan a cantar.

¡Oh alma cansada y turbada!
¿Sin luz en tu senda andarás?
Mi Cristo su mano te ofrece;
¡Su vida abundante tendrás!

Fija tus ojos en Cristo,
Tan lleno de gracia y amor,
Y lo terrenal sin valor será
A la luz del glorioso Señor.

Ahora noto el rótulo que aparece al pie del cuadro. Dice así:  “Y llamarán su nombre Emanuel . . . Dios con nosotros”. Manuel le dice al hombre que lo único que tiene que hacer es aferrarse de la mano que Jesús le extiende. El hombre comienza a llorar y le relata a Manuel cómo perdió todo. Menciona cuánto él podría haber hecho, cuánto desperdició, y que con todo lo que poseía, ahora se da cuenta que no poseía nada de valor eterno. Mira a Manuel, quien está sentado con un brazo alrededor de él, y con lágrimas cursando por sus mejillas dice que ha vivido una vida muy pecadora. Cae de rodillas, coloca su cabeza sobre las piernas de Manuel, y con lágrimas dice que se arrepiente de todos sus pecados y que él no tiene valor.

Manuel le dice, “A los ojos de tu Salvador, eres una joya preciosa, un tesoro de más valor que todas las mansiones y dinero del mundo”.2 Pone sus manos sobre la cabeza del hombre y le dice,  “Jesús y el Padre celestial te aman. Jesús dio tanto de sí mismo, y lo hubiera hecho sólo por ti”. Levanta el rostro del hombre para poder mirar sus ojos. Le pregunta,  ¿“Estás listo para aferrarte de la mano de su Salvador, quien te ama y dio su vida por ti? Si es así, Dios promete darte una nueva mansión en el cielo aún más hermosa que cualquier cosa que hayas poseído en este tierra. ¿Estás listo para entregarle tu voluntad”?

El hombre se pone de pie y se dirige hacia el frente. Al contemplar el cuadro de Jesús, estira el brazo derecho y extiende la mano, como para tomar la mano de Jesús en el cuadro.3 Se queda de pie, escuchando cantar a los desamparados, cuando de repente los ve transformarse en ángeles, vestidos de togas corales blancas hermosísimas. El hombre llora por lo que ve, y oye que Manuel le pregunta, ¿“Hacia dónde estás mirando”?  Él le contesta,  “Estoy tomando la mano de mi Salvador”. Nuevamente, Manuel le pregunta,  ¿“Hacia dónde estás mirando”?  El hombre se da vuelta para mirar a Manuel, quien ya no es un anciano. Cambia de aspecto y se pone de pie. Ahora comprendo por qué otros le llaman Manuel. Es una abreviatura de Emanuel.4 Ahí está Jesús, de pie delante de ese hombre quebrantado, pero sanado. Por primera vez, ese hombre sanado mira al rostro maravilloso de su Salvador. En sus ojos ve lo que yo he llamado “el amor del amor de los amores”. Con su mano derecha, Jesús enjuga las lágrimas del rostro del hombre y tiernamente aprieta su cabeza contra su pecho. Jesús le dice que hace mucho tiempo que ha estado esperando ese momento, y que mientras se aferre de su mano, Él estará con él y suplirá todas sus necesidades.5

De repente, siento que alguien me ha tomado la mano derecha, y al instante estoy de pie en el pasillo. El Heraldo ha estado conmigo todo ese tiempo. Me llama por mi nombre celestial y dice,  “Todo lo que tienes, le pertenece al Padre celestial. Lo que Él te ha mostrado es un mensaje para todos. Él aguarda hasta que cada individuo tome la hermosa y santa mano de Jesús. El Salvador espera con la mano extendida hacia aquéllos que decidan tomarla. A cada uno le pregunta,  ¿“Hacia dónde estás mirando”? Cada uno debe fijar sus ojos en Jesús y mirar plenamente hacia su rostro maravilloso. Si lo hacen, la luz de su gloria y su gracia hará que todas las cosas de esta tierra se tornen opacas.” El Heraldo me llama por mi nombre celestial y dice que cada uno debiera preguntarse a sí mismo, ¿“Hacia dónde estás mirando”?6

Fija Tus Ojos en Cristo

¡Oh alma cansada y turbada!
¿Sin luz en tu senda andarás?
Mi Cristo su mano te ofrece;
¡Su vida abundante tendrás!

CORO:
Fija tus ojos en Cristo,
Tan lleno de gracia y amor,
Y lo terrenal sin valor será
A la luz del glorioso Señor.

De muerte a la vida Él te llama,
Desea librarte del mal;
No cedas; Él puede ayudarte,
Hay siempre victoria en Él.

CORO

Jamás faltará su promesa;
Confía y Él cumplirá.
Al mundo perdido Él te envía;
La nuevas de gozo darás.

CORO*

       Mateo 6:19-21
       No alleguéis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corroen, y donde los ladrones horadan y hurtan; sino allegaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corroen, y donde los ladrones no horadan ni hurtan.

       The Signs of the Times (Las Señales de los Tiempos),18 de noviembre de 1880
       Cristo les dijo a sus seguidores que si el gran propósito de sus vidas era acumular tesoros en la tierra, no podían ser sus discípulos. “No podéis servir a Dios y a las riquezas”. El individuo cuyos afectos se centran en Dios no codiciará los tesoros terrenales. [Trad.]

       Mateo 10:30-32
       Y en cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. Así que no temáis; vosotros valéis más que muchos pajarillos. A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

       The Signs of the Times (Las Señales de los Tiempos), 11 de abril de 1892
       Elevemos nuestras almas a Cristo por fe, porque sólo Él puede limpiarnos del pecado y purificarnos de toda injusticia. Sin Él, no podemos hacer nada. . . . ¿Diremos, “Voy a colocar mi mano en la mano de Jesús; no tengo poder ni méritos propios”?
       “Nada traigo en mi mano;
       Sólo me aferro a tu cruz”. [Trad.]
       Mateo 1:23
       He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarán su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

       Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 159
       El amor de Dios aún implora al que ha escogido separarse de él, y pone en acción influencias para traerlo de vuelta a la casa del Padre. El hijo pródigo volvió en sí en medio de su desgracia. Fue quebrantado el engañoso poder que Satanás había ejercido sobre él. Se dio cuenta de que su sufrimiento era la consecuencia de su propia necedad, y dijo: “¡Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré, e iré a mi padre”. Desdichado como era, el pródigo halló esperanza en la convicción del amor de su padre. Fue ese amor el que lo atrajo hacia el hogar. Del mismo modo, la seguridad del amor de Dios constriñe al pecador a volverse a Dios. “Su benignidad te guía a arrepentimiento”. Romanos 2:4.  La misericordia y compasión del amor divino, a manera de una cadena de oro, rodea a cada alma en peligro. El Señor declara: “Con amor eterno te he amado; por tanto te soporté con misericordia”. Jeremías 31:3

       Los Hechos de los Apóstoles, p. 372
       Mirando a Jesús, el autor y consumador de la fe, quien soportó la contradicción de los pecadores contra sí mismo, el creyente afrontará voluntariamente y con valor el desprecio y el escarnio. Aquél cuya palabra es verdad promete ayuda y gracia suficientes para toda circunstancia. Sus brazos eternos rodean al alma que se vuelve a él en busca de ayuda. Podemos reposar confiadamente en su solicitud, diciendo: “En el día que temo, yo en ti confío.” Salmos 56:3. Dios cumplirá su promesa con todo aquél que deposite su confianza en él.

*Turn Your Eyes Upon Jesus (Fija Tus Ojos en Cristo), Letra y música de Helen H. Lemmel [Trad.]

Fuente: http://www.formypeople.org/Sp/sp_53_where_are_you_looking.shtml

Dios les bendiga


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