Ernie Knoll - 2011 05 12 - El viaje al hogar

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Ernie Knoll - 2011 05 12 - El viaje al hogar

Mensaje por Jakemax el Miér Jul 13, 2011 12:04 pm

EL VIAJE AL HOGAR

12 de mayo de 2011

por Ernie Knoll

www.formypeople.org


[Favor notar que es posible que una parte de este sueño no sea apropiada para los niños.]

En mi sueño, acabo de recoger la correspondencia que nos llegó. Al ojearla, veo la revista Adventist World (Mundo Adventista),una revista internacional publicada mensualmente por la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día. Entonces comienzo a pensar de la Adventist Review (la Revista Adventista), también publicada por la Asociación General. Me pregunto por qué le habrán cambiado el nombre que tenía, The Second Advent Review and Sabbath Herald (La Revista del Segundo Advenimiento y Portavoz del Sábado).

En la portada de la revista Adventist World que acabo de recibir, aparece una foto de Elena de White cuando era joven. El título dice en grandes letras blancas: “Elena de White y su Pluma Personal de Su Inspiración Personal”. Becky se da cuenta de lo que estoy leyendo y me dice: “Me pregunto por qué le habrán cambiado el nombre original de la revista a Adventist Review. “ Le entrego la Adventist World y le contesto: “Yo me estaba preguntando lo mismo. Mira la portada”.

Poco después de que Becky comienza a leer, la oigo exclamar, “¿¡Cómo así?! ¿¡Qué es esto?! ¡Debe ser una broma”! Le pregunto qué es lo que está leyendo y ella me dice: “¿¡Será posible que esto venga de la revista oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día?!” Sigue leyendo para sí y exclama, “¡Debe ser una broma”! Le vuelvo a preguntar qué es lo que está leyendo y que por favor lo comparta conmigo.

Becky comienza a leer en alta voz que el personal del Adventist Review, los dirigentes de la Asociación General y los fideicomisarios de los escritos de Elena de White formaron un comité para evaluar todos los escritos de Elena de White. El artículo dice que revisaron sus escritos con mucha oración y que hubo mucha discusión. Explica que cada individuo ayunó y oró pidiendo la dirección de Dios y el derramamiento del Espíritu Santo. Menciona que llevaron a cabo muchas investigaciones y que hicieron un escrutinio cuidadoso de cada manuscrito de Elena de White. Establecieron pautas para decidir cuánto de lo que ella escribió concordaba con la Biblia. Las únicas Biblias que usaron en el estudio fueron la New International Version (Nueva Versión Internacional), la versión Revised Standard (Autorizada Revisada) y The Message (El Mensaje). El comité decidió pronunciar un fallo sobre qué en realidad había sido inspirado y qué debería considerarse como escrito para sus tiempos o como una expresión de sus creencias personales.

Después de escuchar algunos momentos, me doy cuenta que toda la revista fue preparada por eruditos, y que un miembro ordinario de la Iglesia Adventista del Séptimo Día mundial no va a entender toda esa palabrería. Comprendo que los pastores de iglesia tendrán que simplificarla para que sus miembros la puedan entender. Ellos también dirán, “En la multitud de consejeros hay seguridad”. De manera que la mayoría de los miembros estará de acuerdo con lo que les digan sus ministros, como “un ciego que guía a otro ciego”.1

El artículo hace referencia a las opiniones de los eruditos con títulos y doctorados que han estudiado y han tomado a una decisión unida. El lema del comité era que “cada jota y cada tilde, cada precepto y cada renglón deben acordar”. A medida que estos dirigentes muy educados seguían adelante, completamente unidos, creyeron que habían probado que casi todos los escritos de Elena de White no eran lo que ellos habían creído que eran, y que no habían sido inspirados por el Espíritu Santo. Primeramente, el comité analizó todas sus visiones. Utilizando relatos históricos de testigos, ellos decidieron cuáles eran de Dios y cuáles no. Con su palabrería trataron de probar que la mayoría de sus visiones eran de Satanás.

Utilizando el mismo método de investigación, los eruditos evaluaron todos los sueños de Elena de White. Usaron su propio criterio para probar que la dieta y salud de ella habían sido factores, y por lo tanto, la mayoría de sus sueños eran comunes y no de Dios. Unidos todos, los miembros del comité aceptaron que la mayor parte de los sueños y visiones no habían sido inspirados por el Espíritu Santo y que una gran parte de sus escritos tuvo su origen en sus propias ideas y creencias.

Hubo mucha discusión en cuanto a los libros del Espíritu de Profecía. El artículo reveló cuáles libros ellos habían considerado inspirados, y cuáles no. También quedó implícito que el libro El Conflicto de los Siglos es un libro común de historia que se expresa enfáticamente en contra de otras órdenes religiosas que en un tiempo pasado habían tenido problemas, pero que ya no los tienen. Más delante sugería que cuando Elena de White escribió el libro, había mucha polémica en el mundo protestante en contra de la organización católica. También decía que su propio desprecio quedó documentado, de tal manera que simplemente expresa sus propias ideas. En cuanto a su primera visión acerca de la segunda venida, el comité dio a entender que ella “dijo” haberla tenido. El artículo mostró cómo el comité desestimó en gran manera la validez de este libro y creyó, como cosa segura, que no había sido inspirado. Todos los miembros del comité quedaron en pleno acuerdo, y su conclusión final fue que más de 99 por ciento de lo que había escrito Elena de White o era de Satanás o consistía de sus opiniones personales.

Entonces Becky y yo oímos una voz clara que dijo:

El predominio del pecado es alarmante; el mundo se está llenando de violencia como en los días de Noé. ¿Estaría el mundo en su actual condición, si los que afirman que son el pueblo de Dios hubieran reverenciado y obedecido la ley del Señor? Lo que ha producido las condiciones que ahora existen, es el rechazo de la verdad y el hecho de que el hombre no hace caso de los mandamientos de Dios. Falsos pastores invalidan la Palabra de Dios. La decidida oposición de los pastores del rebaño a la ley de Dios, revela que han rechazado la Palabra del Señor y en lugar de ella han puesto sus propias palabras. En su interpretación de las Escrituras enseñan como doctrinas mandamientos de hombres. En su apostasía de la verdad han fomentado la impiedad, diciendo: “Somos sabios, y la ley de Jehová está con nosotros”. A éstos se aplican las palabras de Cristo a los fariseos. Cristo dijo a estos maestros: “Ignoráis las Escrituras y el poder de Dios...” La condición actual de nuestro mundo es precisamente la que el profeta anticipó que existiría cerca de la terminación de la historia de esta tierra. Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 4, pp. 1176-1177.2

Becky y yo nos miramos y nos damos cuenta de que la mayoría de los miembros de la Iglesia ASD no va a comprender lo que ha hecho esta revista oficial de la iglesia. La mayoría no lo va a poner en duda porque, al fin de cuentas, se les ha enseñado que hay seguridad en una multitud de consejeros educados y con títulos. Se me muestra que son muy pocos los que están bien afianzados o que van a escuchar la voz apacible del Espíritu Santo.

En cuanto al artículo de la revista Adventist World, al instante se me lleva a un cementerio muy grande. El área es llana y veo muchas lápidas cuyas fechas grabadas abarcan desde los 1800 hasta la década de 1930. Mientras miro a lo largo del cementerio, las lápidas se estremecen y caen a tierra; y la tierra alrededor de las tumbas se desmorona. A pesar de eso, la tierra donde yo estoy parado no se mueve. De repente, los ataúdes suben a la superficie, se revuelven, y todos juntos se hunden de nuevo en sus tumbas. Entonces oigo que llaman mi nombre celestial. Me doy vuelta y veo al Heraldo de pie detrás de mí. Me explica que a muchos les resultará gracioso este mensaje, pero algunos comprenderán su seriedad. La ilustración muestra cuán estupefactos quedarían los pioneros si supieran de este rechazo de los mensajes. Muchos son llamados, pero son pocos los escogidos. Se me ha mostrado muchas veces en cuanto al remanente pequeño. Se me mostró que sólo un pajarito salió del valle, que sólo un caballo terminó la carrera. Muchos leerán los mensajes, pero sólo un remanente escuchará la voz apacible del Espíritu Santo.

El Heraldo explicó que el Padre celestial inspiró a los pioneros a nombrar la revista de su iglesia, The Second Advent Review and Sabbath Herald. Este nombre era importante debido a lo que describe. La palabra “Heraldo” no es un nombre, sino que significa alguien que proclama mensajes importantes. La revista fue nombrada La Revista del Segundo Advenimiento y Portavoz del Sábado, porque debía describir una revisión de los mensajes del Padre. Pero en vez de eso, ahora se llama la Revista Adventista. Algunos la llaman simplemente “la Revista”, una revisión de lo que los dirigentes adventistas han decidido que la gente debe creer. La mayor parte de esta revista consiste de las creencias personales de los autores. Jesús ha preguntado, ¿“Hallaré fe”?

Dice el Heraldo, “Debo mostrarte otra cosa”. Me encuentro en una reunión grande. El que habla es un dirigente importante. Yo sé quién es. Este hombre algo calvo tiene un aspecto bien cuidado. Cuando habla, sus palabras fluyen suavemente, y logran que todos se sientan cómodos. Sus preocupaciones parecen desaparecer. Él habla de la gran necesidad de reavivamiento, de arrepentimiento, de reforma y del derramamiento del Espíritu Santo. Repetidas veces menciona esta necesidad. Yo espero que este hombre nos diga cómo debemos arrepentirnos. Lo único que hace es decirnos que existe la necesidad de un arrepentimiento. Eso me hace pensar que sería lo mismo que decirle a alguien que está sobrepeso, pero sin decirle en ningún momento cómo rebajar. El dirigente termina su charla y sale de la plataforma por algún tiempo. De inmediato, alguien ocupa su lugar y sigue con el mismo mensaje vacuo.

Me dice el Heraldo, “Ven, para que sirvas de observador”. Seguimos a ese dirigente al ascensor de un hotel. Cuando llega a un piso más alto, salimos al pasillo y seguimos al hombre, quien se dirige hacia la puerta de uno de los cuatros. Mira hacia la izquierda, y entonces hacia derecha, como para cerciorarse de que nadie conocido lo ha visto. El Heraldo y yo estamos de pie, inadvertidos. El hombre abre la puerta, entra al cuarto y rápidamente la cierra detrás de sí. El Heraldo y yo lo hemos seguido. Entonces veo a cinco jovencitas que se acercan y actúan de una manera íntima con el hombre. Lo guían a la cama, y todos se acuestan debajo de la sábana. Miro al Heraldo y le digo que no me interesa ver lo que se me está mostrando.3 El Heraldo señala hacia la pared, y veo las siguientes palabras:

Mientras estaba en Europa las cosas que ocurrieron en ________ fueron abiertas delante de mí. Una voz dijo: “Sígueme y te mostraré los pecados que practican aquéllos que se hallan en posiciones de responsabilidad”. Fui de pieza en pieza, y lo vi a Ud., un atalaya sobre los muros de Sión, teniendo relaciones muy íntimas con la esposa de otro hombre, traicionando los sagrados cometidos, crucificando de nuevo a su Señor. ¿Consideró Ud. que había un Vigilante, el Santo, que estaba presenciando su mal proceder, viendo sus acciones y oyendo sus palabras, y que éstas están registradas en los libros del cielo? Ella estaba sentada en su regazo; Ud. la estaba besando y ella lo besaba a Ud. Me fueron presentadas otras escenas de afectuosidad, miradas y comportamiento sensuales, que produjeron una conmoción de horror en mi alma. Su brazo rodeaba la cintura de ella, y el afecto expresado estaba teniendo una influencia cautivante. Entonces se levantó una cortina, y lo vi a Ud. en una cama con ________. Mi Guía dijo: “Iniquidad, adulterio” Carta 16, 1888. Mensajes Selectos, tomo 3, p. 49.

El Heraldo se dirigió hacia mí y dijo, “Tú obras como un mensajero. Debes llevar el mensaje que se te ha dado”. Vuelvo a mirar y veo al hombre salir de la cama y entrar en la ducha. Lo seguimos allá y mientras se baña, veo entrar a un ángel muy brillante. En las manos trae un tubo de cristal transparente que contiene una substancia que parece un vapor. Mientras observo, ese ángel brillante destapa el tubo y vierte su contenido sobre el hombre. La substancia cae sobre él como un vapor nebuloso. Entonces, el hombre sale de la ducha y comienza a secarse. De inmediato veo aparecer por todo su cuerpo, con la excepción de su cara y manos, unas llagas pequeñas, rojas con el centro blanco. Las llagas crecen rápidamente y el centro de cada una comienza a emitir un olor repugnante. El hombre trata de taparlas con vendas y se echa colonia para ocultar el olor. El Heraldo explica que Dios protege a los que le siguen. Escogeos hoy a quién sirváis. Los que sigan a Satanás cosecharán la muerte como recompensa. Los que siguen a Dios cosecharán la recompensa de la vida eterna.

Estoy de pie, elevado muy por encima de la superficie de la tierra. Puedo ver los cielos, más allá de la órbita de los satélites y los transbordadores espaciales. El Heraldo me dice que observe la nebulosa el Orión. Veo que en el centro de ella, con toda su belleza, comienzan a formarse 12 círculos concéntricos que se mueven hacia afuera. Pareciera que esos círculos están compuestos de anillos muy delgados de un cristal color cromo. Cada anillo es un poco más grande que el anillo que tiene adentro. Entonces veo que del anillo más pequeño, del que está más lejos, comienzan a salir números. Sale el número 12 y se adhiere a la parte superior del anillo más pequeño. Entonces sale otro 12, el cual se fija al anillo siguiente, y así sucesivamente hasta que todos los anillos tienen un número 12. Cada número es un poco más grande que el anterior. Entonces, sale el número 6, tal como salió el número 12. Entonces veo los números 3 y 9, 1 y 2, 7 y 8, 4 y 5, y finalmente, el 10 y el 11. Todos se adhieren a su anillo particular. Yo sé que estoy mirando un reloj que tiene 12 anillos. Entonces veo moverse el horario y el minutero. Casi son opacos, pero puedo ver a través de ellos. El horario se mueve lentamente por la esfera del reloj. En lo que parece ser segundos, el horario se mueve más y más rápidamente. Ahora hace una rotación en menos de un segundo. El minutero se mueve tan rápidamente, que no es posible distinguirlo. La forma del reloj va hacia adentro, como si estuviese mirando hacia el extremo de un embudo. Aunque hay 12 anillos y 12 juegos de números, éste es un solo reloj con sólo dos manecillas, y en el trasfondo se ve la nebulosa del Orión.

Ahora escucho la misma voz melodiosa del Padre celestial que he oído en otras ocasiones, semejante a una catarata estrepitosa, a una corriente montañés y a un chorrito de agua—todo a la vez. Él dice, “Algunos han insistido en estudiar la correlación matemática de la alineación de objetos celestes y otros objetos, para pronosticar cuándo se manifestarán eventos futuros. En los mensajes que he enviado por medio de mis mensajeros, he dicho claramente que eso no debe hacerse”.

Entonces veo algo que parece ser un martillo de bola, pero con una bola muy grande. Ahora parece que una mano invisible lo usa para pegar la esfera del reloj, y todos los números y círculos concéntricos se despedazan y desaparecen de mi vista. Lo único que queda es un cuadro hermosísimo y brillante de la nebulosa del Orión.

Nuevamente, escucho la voz de Dios retumbar por el universo. Él explica que, tal como dice la Biblia, nadie sabe el día ni la hora de la segunda venida de Cristo. Nadie conoce ese momento hasta que el Padre celestial se lo diga a su Hijo y a los 144.000 que deberán permanecer en pie sin Cristo como su Mediador—aquéllos que son—quienes escucharán la voz de Dios proclamar el día y la hora del regreso de Cristo. Los que no oigan la voz de Dios sólo escucharán un trueno.4 Por medio de Elena de White, Dios también ha mostrado que después de 1844, no hay más profecías con un tiempo definido.5 Aquéllos que preparan un reloj se ponen a la par con Dios. Ése es el mismo camino que ha seguido Satanás.

Dice el Heraldo, “Ahora debo seguir mostrándote algo que viste antes”. Yo sé que esto todavía es un sueño y que soy un observador para poder compartir con otros. Estoy en la tierra, la cual está fracturada y enferma de pecado. Ahora vuelvo a ver a Jesús en el cielo durante su segunda venida. Acaba de tocar su trompeta. Miro alrededor y veo que la tierra se separa. Es incapaz de mantener a los santos encerrados en sus tumbas. Los justos que han vivido desde el principio de la tierra han escuchado la voz de Jesús. Sus cuerpos han sido renovados y perfeccionados, sin ninguna señal del pecado.

Al mirar de nuevo hacia los ojos de Jesús, inmediatamente tengo una sensación abrumadora de que he recibido un cuerpo completamente nuevo. Es algo difícil de explicar. Al subir por el aire al encuentro de Jesús, no deseo mirar hacia atrás. Lo único que quiero es ver los ojos de mi Salvador—esos ojos que reflejan el amor del amor de los amores. Al ascender hacia la nube donde está Jesús, nos sentimos muy ansiosos de encontrarnos con Él.

Ahora estoy parado en lo que sólo puedo describir como una nube llana, brillante, y de un tamaño inmenso. Lo que tocan mis pies descalzos es una substancia muy suave. En cosa de un momento, me doy cuenta de que Jesús me tiene de la mano derecha. Menciona mi nombre celestial, y al caminar comienza a explicarme varias cosas. Por momentos, pareciera que Él y yo somos los únicos que estamos en esta nube. En otros momentos, veo un sinnúmero de gente.

Jesús y yo comenzamos a caminar hacia el centro de la nube, el cual está lejos a la distancia. Se me hace saber que allí está la presencia de Dios. Yo sólo puedo ver su fulgor inmenso, pero no su forma, porque mis ojos han sido protegidos. Siento el deseo de ir hacia Él, pero comprendo que todavía no estoy listo. Jesús me dice que esto todavía es un sueño y que me va a mostrar ciertas cosas de manera que su pueblo las comprenda.

Mientras Jesús y yo seguimos caminando, Él coloca su brazo izquierdo sobre mi hombro izquierdo. Yo coloco mi brazo derecho alrededor de su lado derecho y palpo la cicatriz que dejó la espada que penetró su costado.6

Jesús me explica que debo fijarme en cuatro grupos distintos, y cómo ellos se reúnen alrededor de su Padre celestial. Forman el primer grupo aquéllos que una vez sirvieron como agentes de Satanás. Sin embargo, por medio de la obra del Consolador, ellos abandonaron a Satanás, sirvieron a Dios y trajeron muchos a Él.

[1] Inmediatos al trono se encuentran los que fueron alguna vez celosos en la causa de Satanás, pero que, cual tizones arrancados del fuego, siguieron luego a su Salvador con profunda e intensa devoción. El Conflicto de los Siglos, p. 646.

El segundo grupo está en pie formando un cuadrado perfecto, lado a lado formando12 hileras de 12.000 en cada hilera.7 Esas hileras forman un total de precisamente 144.000—aquéllos que son. Este grupo estará muy unido justamente antes de que regrese Cristo. Ellos mostrarán con su ejemplo que es posible obedecer las leyes de Dios. Ellos permanecerán sin pecado aun cuando ya no tengan a Cristo obrando como su Mediador.

[2] Vienen después los que perfeccionaron su carácter cristiano en medio de la mentira y de la incredulidad, los que honraron la ley de Dios cuando el mundo cristiano la declaró abolida. . . Ibíd.

Los del tercer grupo visten mantos con un borde rojo en la parte inferior, el cual durará para siempre.8 Ellos estuvieron dispuestos a ser mártires para testificar por su fe y vindicar el nombre de Dios.

[3] . . . y los millones de todas las edades que fueron martirizados por su fe. Ibíd.

El cuarto grupo, que es el último, consiste de la gran muchedumbre. Desde donde estoy parado, parece que ese grupo no tiene fin. Es un grupo supremamente grande de gente.

[4] Y más allá está la “grande muchedumbre, que nadie podía contar, de entre todas las naciones, y las tribus, y los pueblos, y las lenguas [...] de pie ante el trono y delante del Cordero, revestidos de ropas blancas, y teniendo palmas en sus manos”. Apocalipsis 7: {9}. Ibíd.

Mientras Jesús y yo caminamos, me doy cuenta de que un ángel nos ha estado siguiendo. Jesús se da vuelta y le pide que siga caminando conmigo. El ángel, quien me llama por mi nombre celestial, dice que seguiremos adelante. Al caminar, comprendo que además de los cuatro grupos de personas, hay una variedad inmensa de todos los ángeles que sirven al Padre celestial. Cuando Jesús vino para recibir a su pueblo, todo el cielo se vació de los ángeles. Todo el universo observó este evento. En este momento comprendo más cabalmente la magnitud del poder incomprensible del Padre. La realidad es que Él es omnipresente. Él nos acompaña para este gran evento; sin embargo, también está en el cielo y en todas partes del universo a la vez.

Mientras el ángel y yo seguimos caminando, veo a muchos individuos de gran estatura que contestan preguntas que la gente les hace. Ellos son personajes mencionados en la Biblia. Ahora nos acercamos al borde delantero de la nube, y el ángel sigue dándome explicaciones. Yo sé que estaremos de viaje hacia la Ciudad Santa durante siete días.9

De repente, ángeles que se destacan por su velocidad reciben el poder de aún más velocidad para anunciar la venida de los redimidos. Toman una trompeta y vuelan por delante de la nube. Los que están sobre la nube quedan asombrados al ver la velocidad con la cual esos ángeles vuelan con el poder de Dios. Pienso en las palabras “pavor” y “pavoroso” y que ésas sólo se deberían usar cuando nos referimos a Dios. Al seguir a través del universo, aun los ángeles están asombrados de la velocidad con la cual viajamos. Nadie jamás ha viajado a esa velocidad.

El ángel me dice que mire hacia atrás. Me doy vuelta y veo a Jesús sentado muy alto sobre otra nube. En su cabeza lleva una corona compuesta de muchas coronas más pequeñas, enlazadas la una una a otra. En la mano izquierda tiene una trompeta que parece plata transparente y refleja su pureza. Con su diestra señala hacia dónde vamos.

Me doy vuelta para mirar hacia adelante y el ángel me dice que se me está mostrando algo de manera que lo pueda comprender. Es un ejemplo simbólico de una de las muchas cosas que nuestro Padre ha planeado para los seres del universo. Al viajar, veo lo que sólo puedo explicar como la omnipotencia de Dios. Él puede hacer cualquier cosa con sólo su palabra. Ahora, a mi parecer, Él coloca todas las galaxias de todo el universo en una hilera recta. El fulgor de Dios ilumina el universo y admiramos los colores de su luz. Es como si Dios hubiese adornado el universo para esta gran coronación de los redimidos. Parece que hay una hilera de galaxias a la derecha y a la izquierda de la nube donde viajamos. También parece que Dios ha sacado planetas de estas galaxias y los ha colocado al lado de las galaxias. Ahora veo que Dios ha invitado a los seres creados de esos planetas a colocarse junto a sus planetas para observar la coronación.

El ángel me dice que al cruzar el universo, también formamos un desfile lento, para que cada ser creado pueda ser testigo de los resultados del amor de Cristo por sus redimidos. Me dice que no hay fin al número de galaxias en el universo, y que el universo sigue para siempre sin fin, de igual manera como no tiene fin el Gran YO SOY.

Cuando nuestra nube comienza a acercarse a su destino, se torna en el punto focal de todos los habitantes del universo. Al frente de nosotros se encuentra lo que sólo puedo describir como un mar muy grande de cristal de oro puro y cristalino. Llegamos, y al pisarlo, me doy cuenta que la superficie es muy suave.

Entonces oigo que el Heraldo me llama por mi nombre celestial. Me dice que podré ver más de esto más tarde. Nos encontramos en el mismo pasillo en el cual he estado antes. Me explica que va a volver a mostrarme algo que se me mostró el 12 de mayo de 2005. Ahora me doy cuenta que recibí mi primer sueño, “A la Mesa” en esa fecha, hace seis año. El Heraldo me revela que en ese sueño me fueron mostrados datos importantes y que ahora se me mostrarán cosas que no comprendí anteriormente.

En mi sueño estoy reclinado sobre mi costado junto a una mesa supremamente larga. Miro hacia el otro lado de la mesa y veo a mi mamá, quien también está reclinada. Mi hermanito, quien falleció a la edad de dos años, está sentado en su regazo. Él fue colocado en los brazos de mi madre fiel. Al instante recuerdo cuando ella estudiaba las lecciones de La Voz de la Esperanza, las cuales la guiaron a unirse a la Iglesia ASD.10 Mis hermanos y yo nos hicimos adventistas debido a su instrucción fiel. Es por eso que ella está sentada junto a esta mesa. A su derecha veo algunos de mis hermanos. A su izquierda está mi padre. A la izquierda de él están varios de mis tíos. Conversamos y nos reímos.

Sentado allí, me siento indigno de llevar mi manto y corona. Me quito el manto y lo coloco junto a mí. Me quito la corona y se la entrego a mi madre. Le digo que quiero que ella la tenga, porque si no hubiera sido por sus oraciones, yo no estaría allí.11 Ella mira mi corona y me dice que ella tiene la suya propia. Se la quita y me señala algunas de las estrellas, y me dice que ésas representan a sus hijos. Señala una y me dice, “Esta estrella te representa a ti. Representa mis oraciones cuando estaba contigo y las peticiones a Dios que Él te acompañase cuando yo no lo podía hacer”. Ella dice que está muy complacida con su corona, que nadie más se la va a poner, y que ella no se va a poner la corona de ninguna otra persona. Ella explica que mi corona define mi marcha con Cristo y que debo ponérmela, porque Él me la dio. Cuando ella me la entrega, la observo bien por primera vez. Está hecha de manera que muchas coronas quepan dentro de ella. Está cubierta de muchas joyas, y la luz que brilla entre ellas emite un fulgor muy brillante que las ilumina. Me vuelvo a poner la corona, pero todavía me siento indigno de llevarla.

Al mirar hacia la derecha e izquierda de la mesa, veo a individuos de distintos tamaños. Algunos son muy altos. Noto que, debido a que estoy reclinado, no puedo ver ninguno de los extremos de la mesa. Cuando me fijo en la mesa delante de mí, veo mi nombre celestial. No está escrito con letras, sino con brillantes símbolos dorados que parecen haber sido grabados, pero que se realzan un poco sobre la superficie de la mesa. Mientras miro mi nombre nuevo, me doy cuenta de que describe mi carácter, y me repito a mí mismo, “Eso me describe a mí; eso me describe a mí”.

Entonces escucho un sonido bellísimo que viene desde arriba a mi izquierda. Veo lo que sólo puedo describir como pájaros largos, iridiscentes, que vuelan por el aire. Pero no les veo alas. Cantan un canto precioso, cuatro notas a la vez. Tengo la impresión que he estado sentado a la mesa muy poco tiempo; sin embargo, no sé cuánto tiempo ha sido. Delante de nosotros hay una amplia selección de frutas, nueces, hojas y flores. Entiendo que aun las hojas y flores son para comer.

Ahora me doy cuenta que un ángel ha estado de pie detrás de mí, hacia mi derecha. Es el mismo ángel que caminó y conversó conmigo en la nube. Lleva un manto blanco y su aspecto es muy noble. Tiene una sonrisa bondadosa y amable. Le digo que ahora comprendo que él es mi ángel guardián. Le pido disculpas por todo lo que le hice sufrir en la tierra cuando tuvo que verme pecar. Yo trato de recordar mis pecados, pero no puedo recordarlos.12 Con una voz amable me dice que no debo preocuparme ni mencionarlos, porque todo está en el pasado. Me explica que cuando Dios perdona, Él se olvida de tus pecados.

Mi ángel guardián coloca su mano izquierda sobre mi hombro derecho, y con la mano derecha hace señas hacia la derecha. Dice que Jesús, el Gran Anfitrión, hubiese hecho todo lo necesario para que yo estuviese ante esa mesa para poder servirme. Miro hacia la derecha y veo a Jesús llenando las copas en la mesa. Veo una copa delante de mí y la tomo en mis manos. Ha sido elaborada de oro puro y diamantes y emite una luz brillante. La copa de cada individuo tiene joyas coloridas que hacen juego con las joyas de su corona. En el centro de la copa aparece mi nombre nuevo, incrustado con diamante puro y oro amarillento. La copa de cada individuo tendrá su propio nombre nuevo. Vuelvo a colocar mi copa en su lugar, y al momento todas las copas están llenas. De nuevo extiendo la mano hacia mi copa, y al acercarla a mi boca, puedo oler el delicioso aroma de jugo de uva puro. Pero, antes de que pueda beberlo, una mano me detiene. El Heraldo me dice que si sigo siendo fiel, podré gustar de ese jugo dulce cuando Jesús lo beba otra vez.13

Al instante, el Heraldo y yo nos encontramos en el pasillo otra vez. Le digo que he estado notando algo que no comprendo. Se me mostró que cuando Jesús nació como uno de nosotros, ya no era omnipresente, omnipotente ni omnisciente. Sin embargo, en este sueño, los he visto con todos, incluyéndome a mí mismo, a la vez. En la mesa, llenaba una copa a la vez, pero también llenó todas las copas a la vez. También me pregunto cómo será posible que Jesús tenga tiempo para coronar a cada individuo. Por ejemplo, si Él dedicase 15 minutos a cada uno de los 144.000 cuando les presente sus coronas, tomaría más de 4 años. No puedo concebir que Jesús no quiera dedicar tiempo para conversar con cada individuo. Aun sin saber cuántos serán salvos de los otros tres grupos, podría tomar más que el milenio en el cielo antes de que cada individuo hubiese recibido su corona. Y también el asunto de verter el jugo a la mesa. Por lo tanto, le pregunto al Heraldo si cuando Jesús reclame a los santos, le serán devueltos sus poderes. Le pregunto si durante los sábados Él volverá otra vez a caminar con todas sus criaturas por todo el universo, tal como lo hacía antes de venir a esta tierra.

El Heraldo contesta que Jesús pregunta, ¿“Hallaré fe cuando regrese”? Debemos comprender que todo está en las manos del Padre. No debemos especular o dudar de lo que Él haga ni cuándo lo haga, porque Él sabe qué es mejor. Si Dios desea hacerlo, Él puede mover las galaxias de sus órbitas. Él puede sacar planetas de sus galaxias. Él puede otorgar velocidad adicional a los ángeles que ya sobresalen en velocidad. Si Él desea hacerlo, puede devolverle a Jesús todos los poderes.

Ahora el Heraldo dice que debe llevarme de nuevo para pueda seguir observando. Debo observar todo lo que pueda y documentar fielmente lo que vea. De nuevo, mi ángel guardián está conmigo para explicar lo que veo.

Los primeros que dan un paso sobre el mar de vidrio son los que una vez fueron agentes de Satanás, pero decidieron abandonarlo y servir a Dios. Entonces, Jesús coloca sobre cada frente una corona muy noble. Después coloca un hermoso manto muy especial alrededor de sus hombros, encima de su manto de luz. Uno por uno, Jesús los toma de las manos y conversan juntos. A veces, les enjuga lágrimas. Termina con un abrazo, y entonces pasa adelante el siguiente. Según lo que veo y puedo describir, uno por uno reciben su corona y su manto; sin embargo, veo que todos reciben estos regalos especiales a la vez.

Entonces veo los que forman parte de los 144.000. Cada individuo de ese grupo recibe un abrazo de Jesús, uno a la vez, sin embargo, todos a la vez. Entonces Él coloca una corona sobre cada frente. Las joyas en las coronas brillan con mucho fulgor. Algunas coronas tienen muchas coronas y muchas joyas que resplandecen. Cada individuo también recibe un manto especial.

Cada individuo del tercer grupo lleva un manto de luz con un borde rojo abajo, cerca de sus pies. Éstos fueron mártires, y cada uno recibe una corona individualmente pero también a la vez.

El último grupo consiste de la gran muchedumbre. Cada individuo recibe una corona individualmente, pero también a la vez. Algunas coronas están adornadas con muchas joyas, mientras que otras no tienen joyas. A pesar de esto, cada uno está satisfecho con lo que ha recibido. Nadie codicia la corona de otro.

Ahora, Jesús se acerca a una puerta muy grande en la muralla de la ciudad celestial. Pareciera que la puerta fue preparada para recibir un grupo grande de personas. Ésta parece ser una inmensa puerta doble de un color blancuzco opaco.14 Cada puerta tiene una manija grande y opaca, del mismo color blancuzco. Jesús agarra ambas manijas, la derecha y la izquierda, y las empuja hacia adentro. Ahora, una puerta queda al interior izquierdo de la muralla, y la otra junto al lado interior derecho de la muralla.

Jesús se da vuelta para hablarles a todos los redimidos que están delante de Él. Con voz clara y fuerte, todos le oyen proclamar que cada uno allí presente fue salvado por su sangre. Ése lugar es su nuevo hogar. Cada uno tiene el derecho de estar ahí para aprender, disfrutar y descansar. Cada uno ha sido hallado merecedor.15 Jesús sonríe y ahora todos ven en sus ojos el amor del amor de los amores. No importa dónde cada individuo esté parado, puede oír claramente la voz de Jesús que proclama, ¡“Bienvenidos a su hogar”!

The Review and Herald (La Revista Adventista), 8 de agosto de 1878
Pocos en el ministerio aprecian debidamente sus importantes responsabilidades. Hacen su trabajo sagrado con indiferencia, y es como un ciego que guía a otro ciego. Ministros de Cristo, ¿despertaréis a vuestras obligaciones hacia Dios y vuestros prójimos? [Trad.]

Jeremías 3:2-3, 6, 12-14
. . . con tus fornicaciones y con tu maldad has contaminado la tierra. Por esta causa las aguas han sido detenidas, y faltó la lluvia tardía; y has tenido frente de ramera, y no quisiste tener vergüenza. . . . ¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Ella se va sobre todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, y allí fornica. ... Vuélvete, oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre el enojo. Reconoce, pues, tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado, y fornicaste con los extraños debajo de todo árbol frondoso, y no oíste mi voz, dice Jehová. Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo; y os tomaré uno de cada ciudad, y dos de cada familia, y os introduciré en Sion.

Ezequiel 8:3, 6-10, 12-18
Y aquella figura extendió la mano, y me tomó por las guedejas de mi cabeza; y el Espíritu me alzó entre el cielo y la tierra, y me llevó en visiones de Dios a Jerusalén, a la entrada de la puerta de adentro que mira hacia el norte, donde estaba la habitación de la imagen del celo, la que provoca a celos. ... Me dijo entonces: Hijo de hombre, ¿no ves lo que éstos hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aquí para alejarme de mi santuario? Pero vuélvete aún, y verás abominaciones mayores. Y me llevó a la entrada del atrio, y miré, y he aquí en la pared un agujero. Y me dijo: Hijo de hombre, cava ahora en la pared. Y cavé en la pared, y he aquí una puerta. Me dijo luego: Entra, y ve las malvadas abominaciones que éstos hacen allí. Entré, pues, y miré; y he aquí toda forma de reptiles y bestias abominables, y todos los ídolos de la casa de Israel, que estaban pintados en la pared por todo alrededor. ... Y me dijo: Hijo de hombre, ¿has visto las cosas que los ancianos de la casa de Israel hacen en tinieblas, cada uno en sus cámaras pintadas de imágenes? Porque dicen ellos: No nos ve Jehová; Jehová ha abandonado la tierra. Me dijo después: Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que hacen éstos. Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al norte; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas endechando a Tamuz. Luego me dijo: ¿No ves, hijo de hombre? Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que estas. Y me llevó al atrio de adentro de la casa de Jehová; y he aquí junto a la entrada del templo de Jehová, entre la entrada y el altar, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al templo de Jehová y sus rostros hacia el oriente, y adoraban al sol, postrándose hacia el oriente. Y me dijo: ¿No has visto, hijo de hombre? ¿Es cosa liviana para la casa de Judá hacer las abominaciones que hacen aquí? Después que han llenado de maldad la tierra, se volvieron a mí para irritarme; he aquí que aplican el ramo a sus narices. Pues también yo procederé con furor; no perdonará mi ojo, ni tendré misericordia; y gritarán a mis oídos con gran voz, y no los oiré.

Primeros Escritos, p. 14
Pronto oímos la voz de Dios, semejante al ruido de muchas aguas, que nos anunció el día y la hora de la venida de Jesús. Los 144.000 santos vivientes reconocieron y entendieron la voz; pero los malvados se figuraron que era fragor de truenos y de terremoto. Cuando Dios señaló el tiempo, derramó sobre nosotros el Espíritu Santo, y nuestros semblantes se iluminaron refulgentemente con la gloria de Dios, como le sucedió a Moisés al bajar del Sinaí.

Mateo 25:13
Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.

Eventos de los Últimos Días, p. 32
Muchos de los que tomaron el nombre de adventistas han incurrido en el error de fijar fechas para la venida de Cristo. Lo han hecho repetidas veces, pero el resultado ha sido cada vez el fracaso. Se nos declara que el tiempo definido de la venida de nuestro Señor está fuera del alcance de los mortales. Aun los ángeles que ministran a los que han de ser herederos de la salvación no conocen ni el día ni la hora. “Empero del día y hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino mi Padre solo” Mateo 24:36.

No hemos de saber el tiempo definido ni para el derramamiento del Espíritu Santo ni para la venida de Cristo [...]. ¿Por qué Dios no nos ha dado este conocimiento? Porque si lo hiciera, no haríamos un uso correcto del mismo. Como resultado de este conocimiento, existiría entre nuestro pueblo un estado de cosas que retardaría grandemente la obra de Dios de preparar a un pueblo para estar en pie en el gran día que vendrá. No debemos vivir en base a una agitación relacionada con el tiempo [...].

Usted no podrá decir que él [Jesús] vendrá dentro de uno, dos o cinco años, ni tampoco tiene que postergar su venida diciendo que tal vez no ocurra por diez o veinte años.

Nos estamos acercando al gran día de Dios. Las señales se están cumpliendo. Y sin embargo, no tenemos un mensaje que nos diga el día y la hora de la aparición de Cristo. El Señor nos ha encubierto sabiamente este asunto para que siempre podamos estar en un estado de expectación y preparación para la segunda aparición de nuestro Señor Jesucristo en las nubes del cielo.

El tiempo exacto de la segunda venida del Hijo del hombre es un misterio de Dios.

Apocalipsis 10:6
... Y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más...
Juan 19:34
Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.

Spiritual Gifts (Dones Espirituales), tomo 1, pp. 102-103
Mientras Jesús colgaba en la cruz, cuando un soldado le abrió el costado con su espada, salieron sangre y agua, en dos corrientes distintas, una de sangre, la otra de agua transparente. La sangre era para lavar los pecados de quienes creyesen en su nombre. El agua representa el agua viva que se obtiene de Jesús para dar vida al creyente. [Trad.]

Primeros Escritos, p. 16
En el mar de vidrio, los 144.000 formaban un cuadrado perfecto.
Ibíd., pp. 18-19
En el trayecto encontramos a un grupo que también contemplaba la hermosura del paraje. Advertí que el borde de sus vestiduras era rojo; llevaban mantos de un blanco purísimo y muy brillantes coronas. Cuando los saludamos pregunté a Jesús quiénes eran, y me respondió que eran mártires que habían sido muertos por su nombre. Los acompañaba una innúmera hueste de pequeñuelos que también tenían un ribete rojo en sus vestiduras.
Ibíd., p. 16
Juntos entramos en la nube y durante siete días fuimos ascendiendo al mar de vidrio . . .
Cuando yo era niño, vivíamos en Fairmont, West Virginia. En la mañana del día de Navidad del 1958, en mi hermanito Esteban, de dos años de edad, no salió de su recámara como siempre. No vino con sus cinco hermanos mayores para admirar los regalos debajo del arbolito de Navidad. Cuando mi madre, Hazel, recogió a Esteban, él no se movió ni abrió los ojos. Había estado enfermito, pero no parecía ser nada serio. Lo llevaron de inmediato al hospital, donde le dijeron a mi madre que él había fallecido.

Eso no debilitó la fe de mi madre, ni tampoco la amargó. Ella había estado estudiando unas lecciones bíblicas de La Voz de la Esperanza y ahora comenzó a estudiarlas por horas. En particular, le urgía saber dónde estaba Esteban ahora. De manera que escribió una carta a La Voz: “Por favor, díganme, ¿ascendió su espíritu a Dios, o dormirá hasta el día de la resurrección? Necesito saberlo. Estoy tratando de vivir la clase de vida que me permita estar nuevamente con mi bebé algún día”.

El instructor bíblico de La Voz le escribió, contándole la verdad bíblica que al morir, el individuo regresa a la tierra y su espíritu, que es el aliento de vida, regresa a Dios. Mi madre quedó consolada al aprender que su hijito dormía en la tumba, para ser despertado cuando Cristo regrese la segunda vez. Ella siguió estudiando y pronto comenzó a visitar la Iglesia ASD de Fairmont con su familia. Al poco tiempo, ella y mis hermanos mayores fueron bautizados, y los demás fuimos bautizados cuando llegamos a ser mayorcitos. Nos bautizamos en una fe que nos dio respuestas durante un período difícil.

Mi madre tuvo siete hijos—todos varones. Esteban era su sexto. Carlos era el tercero, y él falleció de ictericia unos años más tarde. Su hijo mayor llegó a ser pastor y ahora trabaja en el departamento de asesoramiento legal. El hijo siguiente sirvió a su país en Vietnam como soldado no-combatiente, y ha ocupado varios cargos en la Iglesia ASD de Fairmont. Su cuarto hijo también ocupó cargos en esa misma iglesia, dirige un ministerio por la radio, maneja una tienda de alimentos de salud y da estudios bíblicos. Su último hijo tiene un negocio automovilístico y ha ocupado cargos en la misma iglesia. Cuando éramos jovencitos, éramos muy activos en la recolección. Yo era el quinto hijo. Por muchos años he trabajado en el área de computadoras, y he sido diácono, maestro y director de la Escuela Sabática, anciano y pastor laico. En la actualidad actúo como director y orador del Ministerio Para Mi Pueblo, como mensajero de Dios para su iglesia del fin del tiempo. Hazel halló la iglesia y fue guiada por la mensajera de Dios, Elena de White. Tristemente, esa misma iglesia ahora se ha corrompido y está en apostasía; denuncia los mensajes que el Señor en su misericordia me está enviando para su pueblo.

Los estudios de mi madre han influenciado a cuatro generaciones de familias.
Conducción del Niño, p. 534
Cuando empiece el juicio y los libros sean abiertos, cuando sea pronunciado el “Bien hecho” del gran Juez, y colocada en la frente del vencedor la corona de gloria inmortal, muchos levantarán sus coronas a la vista del universo reunido y, señalando a sus madres, dirán: “Ella hizo de mí todo lo que soy mediante la gracia de Dios. Su instrucción, sus oraciones, han sido bendecidas para mi salvación eterna”.

El Conflicto de los Siglos, p. 605
... En el tiempo de angustia, si el pueblo de Dios conservase pecados aún inconfesos cuando lo atormenten el temor y la angustia, sería aniquilado; la desesperación acabaría con su fe y no podría tener confianza para rogar a Dios que le librase. Pero por muy profundo que sea el sentimiento que tiene de su indignidad, no tiene culpas escondidas que revelar. Sus pecados han sido examinados y borrados en el juicio; y no puede recordarlos.

Recibiréis Poder, p. 345
Los que demoraron su preparación para el día de Dios, no podrán obtenerla en el tiempo de angustia, ni en ningún período futuro. Los justos no cesarán sus fervorosos y agonizantes clamores por liberación. No podrán recordar ningún pecado particular, pero en toda su vida ven muy poco de valor. Sus pecados han ido al juicio, y se ha registrado frente a ellos el perdón. Sus faltas han sido llevadas al país del olvido, y no pueden ser traídas a la memoria. [Una parte traducida]

Mateo 26:29
Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

Apocalipsis 21:21
Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio.

Mateo 18:3
De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Fuente: http://www.formypeople.org/Sp/sp_54_the_journey_home.shtml

Dios les bendiga

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Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.  Juan 3:16
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